
¿Es
la nueva ley una oportunidad? ¿Es una ley de carácter intervencionista
disfrazada de buenas intenciones? ¿Qué intereses hay de por medio? ¿Es posible
pensar en un cambio para la universidad? ¿Qué papel debería jugar la
universidad en nuestra sociedad en este siglo XXI? Estas son algunas de las
preguntas que vengo haciendo y haciéndome desde hace varias semanas frente a
una inminente aprobación y posterior promulgación de una ley muy esperada en la
comunidad universitaria, pero que ha generado pronunciamientos por un lado,
marchas y enfrentamientos por otro, sospechas de diverso tipo sobre los fines
últimos de esta ley.
Partamos
de una pregunta, ¿Cómo esta la universidad en el Perú? Muchos jóvenes y sus
familias siguen percibiendo a la universidad como una aspiración deseable, que
puede brindarles una oportunidad de formación profesional y servir como vehículo
de asenso, es decir, poder alcanzar una mejor posición no solo económica,
también cultural y social. Sin embargo, los datos estadísticos reflejan no solo
una serie de debilidades, tareas pendientes nunca solucionadas, pero
especialmente brechas entre universidades de provincia y de Lima, entre
universidades públicas y privadas, entre universidades nacionales y
extranjeras. Veamos algunos datos.
Actualmente
existen 137 universidades, 51 públicas y 86 privadas. Del año 1997 al 2012 se
han creado 79 universidades (56 privadas y 23 públicas). Es decir, en los
últimos dieciséis años se ha creado casi el 60 % de las universidades que
actualmente están en funcionamiento. Desde una perspectiva optimista se podría
sacar la conclusión que este dato refleja las bondades de una libre mercado en
educación que ha reconocido una necesidad que esta atendiendo desde el ámbito
público, pero especialmente desde el ámbito privado, pero no todo lo que brilla
es oro.
Según
el SIR World Report 2012 cuyo ranking mide a las organizaciones dedicadas a la
investigación en función de un criterio tan simple como revelador: el número de
documentos y/o artículos científicos producidos. El primero en el ranking es el
Centro Nacional de Investigación Científica de Francia que entre el año 2006 – 2010 ha producido 202,854
documentos. ¿Cuál es la latinoamericana más cercana? La Universidad de Sao Paulo con 44,619 documentos. ¿Cuál es
la peruana mejor rankeada? La Universidad
Cayetano Heredia en el puesto 2,565 con 832 documentos. En el
Ranking Mundial Shangai del año 2012, en el TOP 500 solo figuraban 10
universidades latinoamericanas: 6 brasileñas, 1 argentina, 1 mexicana y 2
chilenas. La brecha, como es posible apreciar, es bastante profunda y solo se
podría enfrentar con una política clara en educación superior que involucre a
públicos y privados. En nuestro país aumentó la oferta en educación superior,
pero esto un fue de la mano con la calidad.
¿Es
la presente ley una oportunidad? Pues una de las primeras bondades de la ley y
uno de los pocos puntos en los que nos poníamos de acuerdo con un estudiante
universitario (muy crítico con la actual propuesta), es que gracias a la ley,
después de mucho tiempo, nos habíamos detenido a pensar en la universidad. Las
preocupaciones más importantes tienen que ver con la autonomía que perderían
las universidades al crear la Autoridad
Nacional de Educación Universitaria (ANEU). Las críticas mas
importantes a esta institución tienen que ver con su dependencia directa del
ejecutivo a través del Ministerio de Educación, la composición de su consejo,
que haciendo sumas y restas por la procedencia y el tipo de elección de sus
representantes podría ser manipulable desde el gobierno de turno y desde el
sector privado, las atribuciones que poseería la ANEU que van desde la
creación hasta la cancelación del funcionamiento de universidades. Otros puntos
de la ley especialmente sensibles tiene que ver con la gratuidad de la
enseñanza, el derecho a la protesta, la acreditación universitaria, la elección
universal de autoridades y solucionar el problema de los alumnos eternos que
ingresaron a la universidad pero nunca salieron.
¿Son
válidas las sospechas? La relación Estado – Universidad en nuestro país siempre
ha sido muy tirante. Precisamente la figura de la autonomía buscaba enfrentar
posibles injerencias estatales y brindar a la universidad una suerte de
protección que le permita conservar una serie de libertades, entre ellas, la de
pensamiento. Sin embargo también es importante mencionar que esta autonomía, se
ha convertido en autarquía, es decir, las autoridades de turno asumen que
pueden convertir la universidad en un pequeño feudo, donde ellos son amos y
señores de todo lo creado y de lo no creado, también.
El
tema es bastante complejo, tiene diversas dimensiones (económica, política,
educativa, social) pero también muchos intereses en juego, provenientes del
sector privado pero también de grupos organizados que buscan mantener el status
quo, es decir, que no cambie nada. Seguiremos conversando.