martes, 28 de abril de 2009

El rol de la universidad


¿Cuál es el rol que tiene la universidad en el desarrollo de un país? ¿Cómo puede vincularse de manera efectiva a los procesos económicos, sociales, productivos, tecnológicos, culturales y políticos de su entorno? ¿En que medida la universidad puede potenciar las fortalezas y oportunidades de cada región, haciendo operativos los proyectos y políticas que se establecen desde el sector privado o público, respectivamente? Este es tan solo un grupo de preguntas que pretenden ser puerta de entrada para un proceso de reflexión mas profundo sobre el rol que tiene “la universidad” como espacio de producción de conocimiento, como institución y desde su dimensión política. Veamos pues el rol de la universidad en este siglo XXI y evaluemos, a modo de test, en que medida nuestras universidades cumplen con algunas de las categorías que proponemos. Es el lector quien finalmente determinará si pasan, o no, el examen.

Desde la ciencia la universidad es el espacio privilegiado para la transmisión y producción de conocimientos. Pero no se trata de un conocimiento estéril, enajenado, divorciado de la realidad, sino más bien de uno que puede potenciar saberes previos y fomentar la construcción de nuevos. La universidad no solo debe reconocer las nuevas tendencias que vive cada sociedad, debe además, poder analizarlos e incluso, construir escenarios de futuros posibles (futuribles) que permitan intuir y solucionar con prontitud los problemas que afectan a los grupos sociales o que podrían afectarlos más adelante. Existe además, en esta búsqueda permanente de conocimiento de calidad, un conjunto de criterios que buscan medir si la institución esta efectivamente preparada para hacerlo. Veamos tan solo algunos de ellos: proporción entre el número de estudiantes y profesores, número de citas en publicaciones, número de docentes internacionales, docentes o exalumnos ganadores de premios Nóbel, entre los más importantes. Como bien refiere Carlos Fosca: “La diferencia, entonces, entre universidades latinoamericanas y las norteamericanas, europeas o asiáticas, es muy grande. ¿A qué se debe esto? Pues, precisamente, al principal indicador de la calidad educativa: la producción científica.” (1)

Desde la institucionalidad, la universidad no solo debe participar activamente como miembro de la sociedad civil, debe ser también un referente de consulta obligado y actor protagónico en los procesos que emprende cada sociedad. La universidad como institución no solo se construye hacia dentro, también lo hace hacia fuera, estando una y otra dinámica estrechamente vinculadas. Hacia dentro una institución universitaria de calidad se construye apoyada en valores como la libertad, la honestidad, la búsqueda permanente de la excelencia, la identidad y la fraternidad. Es sobre estos valores sobre los cuales se puede pensar en relaciones más horizontales entre docente y alumno, en autoridades cuyo horizonte sea el desarrollo de la universidad, en estudiantes que posean no solo conocimientos o habilidades, sino también actitudes que reflejen de los valores de la universidad. Hacia fuera la universidad tiene un compromiso como interlocutora frente a los grandes problemas del país.

La política, finalmente, podría ser una categoría que sintetice las dos anteriores, tanto la científica como la institucional. Ello en la medida que la creación científica debe estar orientada a mejorar las condiciones de vida de la sociedad en general y en particular de aquellos grupos con mayor necesidad. Además, una verdadera institución, no solo buscará el incremento de capital humano y capital social, sino se mantendrá vigilante frente al respeto y promoción de los valores que la identifican en la sociedad. Es pertinente la reflexión sobre el sentido de la política que hace la filosofa judía Hannah Arendt y que podemos relacionarla con el sentido de la universidad: “Misión y fin de la política es asegurar la vida en el sentido mas amplio. Es ella quien hace posible al individuo perseguir en paz y tranquilidad sus fines no importunándole – es completamente indiferente en que esfera de la vida se sitúen dichos fines: puede tratarse, en el sentido antiguo, de posibilitar que unos pocos se ocupen de la filosofía o, en el sentido moderno, de asegurar a muchos el sustento y un mínimo de felicidad”.(2) Es interesante preguntarse en que medida la universidad contribuye con este fin de la política desde su misión institucional.

Hemos presentado tres categorías que pretenden evaluar de alguna manera el rol de la universidad en la sociedad peruana. Como mencionábamos al inicio de este artículo, queda en manos de cada lector evaluar la brecha existente entre el “deber ser universitario” y la situación actual. Solo en la medida que podamos reconocer las carencias y limitaciones de la universidad peruana, podremos proponer alternativas que permitan vincular a la universidad de manera efectiva con la sociedad que la cobija. La universidad no solo es pasado y presente, es también posibilidad.

(1) Fosca, Carlos. La medición de la calidad universitaria en el ranking internacional. En: http://palestra.pucp.edu.pe/index.php?id=326&num=3 (Última consulta: 26 de abrid de 2009)
(2) Arendt, Hannah. (1997) ¿Qué es la política? Madrid: Ed. Paidos p. 67