miércoles, 28 de abril de 2010

Prometeo o la historia de una promesa incumplida


¿Recuerda el amable lector quien fue Prometeo? Prometeo fue un titán de la mitología griega cuyo mérito más importante fue robarles el fuego a los Dioses del Olimpo. La historia cuenta que Zeus privo a la humanidad del fuego por un engaño previo del mismo Prometeo (en un sacrificio hizo que Zeus eligiera los huesos de un buey antes que su carne). Sin embargo, Prometeo consiguió devolverles a los hombres el fuego.

Zeus se venga de esta segunda ofensa a través de la no menos célebre Pandora, quien se casa con Epimeteo (hermano de Prometeo) quien en su casa poseía una caja que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad, la famosa ‘Caja de Pandora’. Epimeteo se casó con ella (a pesar de la advertencia de su hermano de no recibir regalos de los dioses) quien terminaría abriendo la caja tal y como Zeus había previsto. En el caso de Prometeo, Zeus hizo que le llevaran al Cáucaso, donde fue encadenado y envió un águila para que le comiera el hígado. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada noche, y el águila volvía a comérselo cada día. Este castigo había de durar para siempre, pero Hércules pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo y le liberó disparando una flecha al águila.

A estas alturas el lector probablemente se pregunte: ¿Y que tiene que ver Prometeo con nuestra vida actual? ¿Qué importancia tiene un mito griego en pleno siglo XXI? ¿Qué tipo de relación se puede establecer entre esta historia y nuestra sociedad actual? ¿Cuál es la promesa no cumplida? Pues, en realidad, tiene mayor importancia de la que podemos creer. Empecemos mencionando que los mitos, en diferentes tradiciones culturales, han cumplido un rol esencial en la vida social: responder preguntas como el quienes somos, quien nos creo, por que las cosas suceden de este modo y no de otro y, no menos importante, hacia donde vamos. Constituían una verdad (tal como ahora podemos percibir a la misma ciencia) que se transmitía de generación en generación y que permitía entender el mundo que nos rodea.

Con el paso del tiempo y con la hegemonía de la racionalidad occidental (no es que los mitos sean irracionales, mas bien constituyen una forma de racionalidad propia de cada pueblo), los mitos parecen perder terreno como fuente de explicación y sentido. Las preguntas que parecen resolver ahora son abordadas por la ciencia, cuyos métodos y técnicas parecen incuestionables en la búsqueda de la verdad. El pensamiento mítico pasa a tener un rol subalterno, menospreciado por el espíritu científico y asociado con estados inferiores de desarrollo cultural.

Sin embargo, y a pesar del predominio del pensamiento racional, los mitos no pierden su dimensión simbólica, es decir, su capacidad de representar una idea de manera no solo imperecedera, sino también universal. El mito de Prometeo podemos relacionarlo de manera contemporánea con el descubrimiento y auge de la ciencia para el hombre moderno. Con la revolución científica que se inicia en la modernidad, el hombre, al estilo de Prometeo, cree haberles arrebatado el fuego a los dioses y se siente capaz de conseguirlo todo. Con esta nueva luz, que generosamente distribuye entre sus congéneres, siente que sus posibilidades de dominio sobre la creación se multiplican infinitamente. Para Josep Lafuerza: “… el hombre aprendió a sobrevivir en el laberinto telúrico dirigiendo primeramente sus actuaciones hacia la transformación y aprovechamiento del mundo de la physis, de sus potencias y recursos ocultos, en aras de una vida mejor y menos gravosa ayudándose de los saberes: astronomía, aritmética, lenguaje, agricultura, medicina, navegación y comercio. El saber recién adquirido propicia que la acción práctica del hombre cobre efectividad en su lucha contra la desmesura y hostilidad del hábitat.” (1)

Sin embargo, este poder que constituye la posibilidad del conocimiento ilimitado no termina resolviendo todos los problemas del hombre. Aquí podemos reconocer otro símbolo. Pandora, al abrir la celebre caja, desata una serie de desgracias entre los hombres: la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen, etc. ¿Cómo el hombre, recién poseedor del fuego del conocimiento, no puedo hacer frente a todas las desgracias que llegaron con la caja? ¿Es que acaso el fuego no era suficiente? ¿Las desgracias reubican al hombre en su mortalidad: “no eres un Dios, eres un mortal con un juguete divino”?

La ciencia, con todos los avances que registra de manera cotidiana, no resolvió todos los problemas de la humanidad. Sus logros son deslumbrantes, pero los costos de su autonomía innegables. Basta apreciar los desarrollos bélicos durante el siglo XX y los resultados de todo este ingenio puesto al servicio del mal. Prometeo repartió el fuego, pero este al parecer se quedo en muy pocas casas, alumbrando el interés egocéntrico de algunos y dejando en la oscuridad a la mayoría de los hombres. Hay, como vemos, una promesa no cumplida.

(1) Lafuerza, Josep. Acerca de los mitos prometeico y fáustico en la tradición cultural de occidente. En: http://www.raco.cat/index.php/Scriptura/article/viewFile/94816/142757 (Última consulta: 21 de abril de 2010)

Los limites de la tolerancia


Hace algo más de un mes recibí un correo electrónico al cual, en principio, no le di mucha importancia. Llevaba como título ‘casamiento musulmán masivo’. Desde mi prejuiciada mirada occidental, la imagen que vino a mi mente era precisamente la de nuestros matrimonios masivos, con varias decenas de parejas de distintas edades, tamaños y colores ávidos por recibir el sacramento del matrimonio, solo que esta vez desde la religión que fundó Mahoma.

Al recibir el mismo correo por segundo vez mi curiosidad no pudo resistir abrirlo y ver de qué se trataba. Efectivamente, coincidiendo inicialmente con la primera imagen que tuve, se trataba de un matrimonio con 450 novios, solo que se casaban con niñas menores de 10 años en Gaza, en el Medio Oriente. Si, ha leído bien, 450 parejas que en agosto del año 2009 se unieron frente a familiares y autoridades locales, todos provenientes del cercano campo de refugiados de Jabalia. La crónica cuenta que cada novio, que en promedio contaba con 20 años de edad, recibió 500 dólares como regalo de boda. Las niñas, además de un vestido y un maquillaje chillón, completaban el ajuar con sendos ramos de novia.

¿Este tipo de unión es excepcional en el mundo musulmán? Al parecer no, ya que el Centro Internacional de Investigación Sobre Mujeres estima que, actualmente, hay 51 millones de niñas desposadas que viven en el planeta tierra y casi todas en países musulmanes. 29% de esas niñas desposadas son golpeadas regularmente y abusadas por sus esposos en Egipto; 26% sufren un abuso similar en Jordania. Es más, la tradición parece apoyarse en el mismo Mahoma, quien desposó a Aisha, tercera y predilecta esposa del profeta, cuando ella tenía 5 o 6 años y Mahoma 54 años. El matrimonio se consumó 3 años después, según narra la misma Aisha: “Mi madre vino hacia mí cuando me estaban meciendo en un columpio entre dos ramas. Mi cuidadora me lavó la cara y me llevó de la mano. Cuando llegamos a la puerta se detuvo para que yo recuperara la respiración. Me introdujeron en la habitación, donde esperaba el Profeta sentado en una cama de nuestra casa. Mi madre me hizo sentar en el regazo de él. Entonces, los hombres y mujeres se levantaron y nos dejaron solos. El profeta consumó el matrimonio conmigo en mi casa cuando tenía nueve años.” (Aisha: Tabari Hadith, 9. 131)

El lector probablemente ya ha establecido una posición que condena, sin duda alguna, este tipo de prácticas y está seguro que debería existir algún tipo de sanción. Sin embargo el asunto no es tan sencillo. A mediados del siglo pasado los Derechos Humanos (DDHH), en un contexto post Segunda Guerra Mundial, aparecían como el instrumento ideal para impedir cualquier tipo de practica que vulnere la dignidad del hombre, al margen de sus características sociales, económicas o culturales. No obstante, una de las barreras más importantes que han encontrado los DDHH es precisamente esta suerte de relativismo cultural con el que se pretende defender ciertas tradiciones. Desde esta mirada, cada cultura posee el derecho de organizarse y vivir en función a los valores, tradiciones, normas y costumbres que considere importantes. Es mas, considera como una intromisión cualquier juicio de valor que se pueda establecer sobre alguna tradición en particular.

Como concepto antropológico, el relativismo cultural aparece en los años 20 del siglo pasado como una respuesta a la mirada eurocéntrica que dividía arbitrariamente en salvajes, bárbaros y civilizados a los diferentes pueblos. Europa, naturalmente, aparecía como el ideal de desarrollo al cual debían apuntar aquellas culturas consideradas premodernas. Este relativismo buscaba revalorar las diferentes tradiciones culturales bajo el lema que no hay culturas superiores o inferiores y que cada cultura se debe juzgar en función a sus propias características. Este nuevo relativismo parece convertirse en la excusa que permite la subsistencia de prácticas cuestionables.

Los DDHH, sin desconocer la potestad que poseen las culturas en manifestarse y vivir bajo sus tradiciones, propone un conjunto de mínimos necesarios para que estas mismas tradiciones no terminen por atentando contra la dignidad del hombre. Aunque muchas veces se les acusa que llevar consigo un origen occidental que les quita cierta neutralidad al juzgar diferentes tradiciones culturales, es preciso no olvidar que una característica esencial de los DDHH es que son autoreferenciales, es decir, que son en si mismos una fuente de referencia por el solo hecho de existir.

Después de estas breves reflexiones las preguntas que parecen desprenderse son: ¿hasta donde es posible tolerar determinadas manifestaciones culturales? ¿Cuáles son los límites de esta tolerancia? ¿Como poder intervenir sin que las culturas sientan vulneradas su autonomía? ¿Cuan autónomas son las culturas cuando sus tradiciones vulneran derechos básicos? El caso que hemos mencionado al inicio de este artículo es tan solo un pequeño ejemplo de los retos que plantea la diversidad cultural en un mundo que no solo ha globalizado bienes y servicios, sino que ha permitido extender el manto de los derechos básicos a todos, aunque ello, por el momento, no sea suficiente.

sábado, 3 de abril de 2010

Los mitos de la conquista


Una división tradicional de la historia del Perú nos presenta el periodo preinca, inca, colonial, republica y contemporáneo. Cuando llegábamos al periodo inca nos maravillábamos de los grandes logros alcanzados por su civilización en organización, economía, infraestructura, artes y religión. Se nos presentaba el imperio de los incas como un lugar idílico, un paraíso perdido donde nadie tenía hambre y todos eran iguales. No obstante, al pasar a la conquista (periodo que media entre los incas y la colonia), nuestras sorpresas comenzaban ya que era difícil entender (y aceptar) como un grupo de casi 180 hombres pudieron acabar con todo un imperio. ¿Qué parte de la historia no nos han contado? ¿Por qué persisten viejas ideas respecto a este periodo? ¿Cuánto contribuyen estos mitos arraigados en el imaginario colectivo en la formación de una endeble identidad nacional? Veamos algunos de estos mitos que la tradición se ha encargado de transmitirnos como verdades que no admiten discusión.

Empecemos mencionando que efectivamente encontramos superioridad militar del lado español (caballería, armas de metal, cañones, arcabuces y capacidad estratégica de sus líderes), frente a una masa indígena provista de lanzas, garrotes y hondas, aunque con una superioridad numérica incomparable. Sin embargo, ¿esta superioridad bélica fue suficiente para inclinar la balanza? La respuesta es no, y en nuestra ayuda acuden dos factores claves para entender la victoria española: en primer lugar el colaboracionismo indígena a favor de los españoles y en segundo lugar un ejercito con aliados tan microscópicos como letales: el sarampión. Veamos cada una de ellas.

Muchas etnias, sometidas por los incas, vieron en los ‘barbudos’ una oportunidad inmejorable de libertad. De allí que unen fuerzas con ellos para enfrentar las tropas incas. Una prueba contundente de ello la brindó en el año 2004 el arqueólogo Guillermo Cox. Al explorar las tumbas de Puruchuco (Lima) descubre un enterramiento con unas características particulares. Al analizar los restos encontrados, la característica de todos ellos era que habían dejado de existir a causa de una muerte violenta. Sin embargo, mientras uno de ellos (probablemente el líder) presentaba un claro orificio de entrada y salida producido por un proyectil de arma de fuego, los demás tenían lesiones cuyo origen estaba asociado a armas de piedra.

Este probable enterramiento data de 1536, un año después de fundada Lima, en que la ciudad sufre el ataque de grupos de resistencia indígena encabezados por Manco Inca. Las crónicas españolas insisten en narrar la acción valerosa de un puñado de españoles que enfrenta a miles de indios que logran ser dispersados con la fuerza de la caballería ibérica. Sin embargo, datos etnohistóricos recientes dan cuenta del apoyo de la etnia Huaylas, a la que pertenecía la concubina de Pizarro, Quispe Sisa o Inés Huaylas (hija de Huayna Capac y hermana de Atahualpa), con la que Pizarro tuve dos hijos, Gonzalo y Francisca. Podemos apreciar claramente que se enfrentaban indios contra indios, mientras los españoles no hacían más que agudizar las contradicciones y rivalidades entre pueblos para finalmente salir ellos vencedores. Naturalmente los huaylas no fueron los únicos que colaboran con los ‘wiracochas’, sino también indios cañaris, huancas y chachapoyas.


Otro factor, tal vez más importante que el anterior, esta dado por otro tipo de arma que puede ser más efectiva que espadas o arcabuces: la viruela. La guerra biológica no es una novedad en el nuevo mundo, ya que sus antecedentes datan del medioevo (se arrojaban cuerpos en descomposición para generar epidemias dentro de las ciudades). Uno de las más ilustres victimas de este mal fue precisamente el inca Huayna Capac, cuya muerte desencadeno la lucha por el poder entre Huascar y Atahualpa. Los cálculos más aceptados de la población del Imperio inca son de 13 a 15 millones de habitantes (D. Noble Cook) En los tiempos de la Colonia la población indígena disminuyó drásticamente. En 1620 la población llegaba sólo a los 600 mil habitantes. De 1532 a 1620, había 14.400.000 habitantes menos, en apenas 88 años. La disminución media por década fue de 1.655.172 habitantes. Por año: 165.517 habitantes. Por día: 453 habitantes.

Existe un gran consenso entre historiadores, demógrafos y ecólogos que apuntan a la introducción de enfermedades frente a las cuales los indígenas carecían de defensas, como la causa fundamental de la debacle demográfica, estimando entre un 75 y un 95% de disminución de población achacable a las enfermedades epidémicas. Ocurre los que Ruggiero Romano denomina un proceso de unificación micróbica del mundo que se origina en occidente (Europa, Asia y África) debido al comercio y que afecta acumulativa y sucesivamente a indígenas de todas las edades.

Para seguir pensando en este periodo de nuestra historia en búsqueda de nuevas verdades que permitan reconocer lo que sucedió hace tantos años, pero que hoy sigue desatando encendidos debates y apasionadas defensas de uno y otro lado.

Los siete “ismos” de la política


“No importa que robe, pero que haga obra”, “Si quieres ganar plata métete en política, hijito”, “Juro por Dios y por la plata,…digo…por la Patria”, “Yo voto por el primero que soluciones mis problemas, ¿si es corrupto?, bueno, nadie es perfecto” ¿Le resultan familiares al lector estas frases? ¿Cuántas veces las ha utilizado para tratar de entender nuestra política local? ¿Ha logrado establecer alguna posición frente a ellas? Algunos asocian con Nicolás de Maquiavelo la ruptura entre la ética y la política, surgiendo así una nueva moral, donde el fin justifica los medios. ¿Cómo poder reconocer esta nueva moral con la que llega la política? ¿Cómo poder construir y reforzar los viejos puentes que la vinculan con la ética? ¿En que momento nos dejamos engañar por esta nueva racionalidad y terminamos haciéndoles el juego a los políticos de turno? Veamos esta pequeña lista con 7 términos que, a modo de un pequeño manual, pretende alertarnos sobre aquello que antes que normal y común, contribuye en la construcción de una cultura política cínica e interesada.

Pragmatismo Equivale a actuar con prescindencia de ideologías principistas, haciendo lo que parece más adecuado de acuerdo a cómo se presentan las circunstancias de cada momento. Muchas veces hemos escuchado que “hay que ser práctico, no hay que hacerse problemas”. Sin embargo, el problema radica en que en esta búsqueda de soluciones inmediatas y efectivas no se considera los medios utilizados (si son éticos o no) y tampoco los fines (las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones).

Mercantilismo es un tipo de política económica en la que el gobierno debe intervenir regulando a la actividad económica. El problema, más allá de la posición liberal respecto a la intervención estatal, en que muchas veces esta mediación tiene motivaciones oscuras para favorecer a aquellos que si bien no forman parte del poder político, tienen sólidas influencias para legislar a favor suyo. Es primo hermano del proteccionismo estatal que eleva aranceles para proteger no al pequeño empresario, sino a grandes empresas.

Clientelismo es un sistema extraoficial de intercambio de favores, en el cual los políticos de turno ofrecen una serie de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral. Se compran voluntades (de allí viene la palabra voto) a cambio de satisfacción de necesidades inmediatas. Como imaginará el lector, este tipo de práctica clientelar genera una nueva cultura política en la que el ciudadano elegirá no en base a programas e ideas, sino en función a dadivas inmediatas.

Transfuguismo como una denominación atribuida (que se puso de moda en la política peruana desde el año 2000), a aquellos representantes que traicionan a sus compañeros de lista, pactan con otras fuerzas para cambiar o mantener la mayoría gobernante. Normalmente el transfuguismo tiene lugar por motivos ilegales y socialmente inaceptables. Ello no quiere decir que una persona que pertenece a una agrupación este condenada a permanecer en ella para siempre, sino mas bien saber diferenciar las motivaciones de este cambio.

Patrimonialismo, término acuñado por Max Weber, esta referido al uso de los bienes públicos como si fueran patrimonio privado, es decir, propiedad del político. Peter Evans nos hable de Estados Predatorios que se caracterizan por la apropiación de las rentas públicas (o corrupción) por parte de los funcionarios. La sociedad es la presa de un predador o gobernante. Malversación, enriquecimiento ilícito, uso inadecuado de los bienes públicos, son expresiones concretas de esta percepción equivocada de lo público.
Corporativismo un sistema de organización o pensamiento económico y político que considera a la comunidad como un cuerpo sobre la base de la solidaridad social orgánica, la distinción funcional y los roles entre los individuos. El problema del corporativismo es que asume que roles, funciones y estructuras son inmutables y naturales. Es decir, no solo se establecen claros los roles de gobernantes y gobernados, sin posibilidad de control o fiscalización, sino que se asume que existe una suerte de clase política, que representa la cabeza de la nación y que esta destinada a dirigirnos.
Populismo es un término político usado para designar corrientes caracterizadas por su aversión a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e ideológicos), su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al "pueblo" como fuente del poder. En algunos casos se identifica erróneamente el populismo con la demagogia: mientras ésta última está referida al discurso del político buscando influir en las emociones de los votantes, el populismo está referido a las medidas que toma un político, buscando la aceptación de los votantes.

A estar prevenidos entonces. Solo en la medida que podamos no solo reconocer, sino también desenmascarar las distintas personificaciones de estos “ismos” políticos podremos elegir mejor y quejarnos menos los próximos 5 años.

jueves, 25 de febrero de 2010

Llegaron las lluvias…y algo más.


Hace algunos días volvieron las tan esperadas lluvias de temporada. La preocupación era casi general por su ausencia, que era recordada cada cierto tiempo a través del titular de algún medio periodístico o mediante una conversación informal entre amigos y parientes. Nadie sabía cuando llegarían y finalmente llegaron. El problema sin embargo es que nadie sabe cuanto durarán y si podrán satisfacer las necesidades hídricas de la región. Es difícil saber también si cada año esperaremos con la misma ansiedad su llegada y si más bien debemos irnos acostumbrando no solo a esperar, sino a vivir con cada vez menos agua.

En la era de la información, de la tecnología, donde nada parece imposible y tan solo los límites los pone la imaginación, actividades tan comunes como abrir el caño o la ducha podrían convertirse en el triste recuerdo de una especie que no supo encaminar esfuerzos hacia lo realmente importante. Sin embargo, la omnipotencia humana parece mirar con desdén todo aquello que le recuerde su fragilidad y prefiere deleitarse con los logros alcanzados, aún con aquellos que han despojado al hombre de la condición que proponía Kant: Fin último de todas las cosas.

Hay varios lugares comunes respecto al agua que no nos cansamos de repetir, pero precisamente este conocimiento común y casi generalizado es inversamente proporcional al grado de conciencia sobre estos. Frases como “La tercera guerra mundial será por el agua” o “El agua en algunos años valdrá mas que el petróleo” (de hecho, en varios países, su costo se viene incrementando de manera inexorable) o la típica “Gota a gota el agua se agota” parecen tener un espacio reservado en los discursos cotidianos del ciudadano común, pero carecen de la coherencia necesaria que pueda reflejarlas en acciones y actitudes respecto al manejo de este recurso. Dos situaciones me ayudarían a expresar mejor este divorcio entre lo que decimos y lo que hacemos.

Hace algunos días en una universidad pública los estudiantes se vieron enfrentados a una situación incomoda, por decir lo menos: todos los servicios higiénicos se habían cerrado por ausencia de agua. Era notoria la incomodidad en muchos de ellos, ya que las necesidades fisiológicas no esperan demasiado y menos aceptan pasivamente postergarse, por mas convincente que sea el cartel pegado en la puerta de los servicios. Hasta allí una situación que he vivido más de una vez como estudiante y que imagino, no será la última. Al día siguiente, ya con los servicios habilitados y prestos para atender necesidades me encontré con una realidad poco feliz: caños abiertos e inodoros mal cerrados que dejaban discurrir aquel líquido que solo 24 horas antes era tan añorado. (Un inodoro malogrado puede desperdiciar hasta 548 litros en un solo día. El goteo de un caño hasta 80 litros)

La segunda situación ocurrió hace algunos años. Una sobrina, de tan solo 4 años de edad, me pidió usar los servicios de mi casa para lavarse las manos. Como era la primera vez que la pequeña visitaba la casa me ofrecí en acompañarla. Grande fue mi sorpresa cuando ella, muy segura de si, me indicaba que mientras ella se enjabonaba, yo debía cerrar el caño, ya que de ese modo el agua no se desperdiciaba (se puede ahorrar hasta 7 litros por día). No solo sonreí frente a esta lección recibida, sino también frente al alto sentido de responsabilidad que la pequeña había recibido y se encargaba de enseñar. Recordaba este episodio y pensaba el otro que narraba líneas arriba y me preguntaba ¿Por qué esta diferencia de prácticas y actitudes?

El hombre es un ser social. Ha diseñado una sociedad a su medida, que satisface necesidades, pero que también genera otras. Aprende a vivir en sociedad en diferentes espacios. La familia es un espacio inicial, pero de allí vendrán la escuela y los amigos. De ellos recibe conocimientos, pautas y normas que faciliten su inserción. Pero también recibe influencia de los medios de comunicación quienes de alguna manera, irán delineando sus gustos, sus deseos, sus ideas e incluso sus sueños. La pregunta en este caso sería ¿en que medida estos distintos espacios nos van haciendo responsables de lo que hemos recibido como herencia, pero que no es nuestro ya que también pertenece a los que vendrán mas adelante? ¿Cómo este ser, eminentemente social para algunos, ha olvidado que también es un ser natural, que forma parte de un todo llamado naturaleza que le envía mensajes cada vez mas serios? ¿Cómo articular estas frases como acciones concretas que se expresen de manera individual y puedan llegar a la expresión colectiva y política?

No sabemos si, aún con toda la ciencia a su servicio, el hombre esté destinado a sufrir pasivamente el designo, en este caso natural, de quedarse sin agua (a menos que un grupo de científicos este diseñando una maquina ‘hacedora de lluvias’) Mientras tanto, deberíamos preocuparnos en administrar mejor aquello que, aún siendo escaso, no terminamos de valorar. Se trata, y este es otro lugar común, de empezar por uno mismo.

Una mirada a los conflictos


¿Qué tan lejanos son para usted, amable lector, los terribles sucesos de Bagua? ¿Cuántas veces ha escuchado hablar nuevamente del Moqueguazo? ¿Cuál fue el detonante del famoso Arequipazo? Responder estas preguntas puede ser un ejercicio innecesario para algunos. Para otros, abrir viejas heridas que solo el tiempo (no necesariamente la justicia) mal que bien ha cicatrizado. Para unos pocos, el siempre necesario ejercicio de mirar atrás para saber donde estamos buscando avizorar lo que esta por venir.

Y es que los conflictos no son una realidad contextual en nuestro país. No son sucesos de carácter extraordinario, que irrumpen de vez en cuando de manera cruenta y con saldos dramáticos con los que la prensa nos bombardea de manera inmisericorde hasta que volteemos la página y pasemos a otra cosa. Los conflictos, en sus diversas modalidades son una realidad cotidiana en nuestro país, extendida de manera casi uniforme y con presencia en la mayor parte de las regiones. Después de los trágicos sucesos, líneas arriba indicados, solo una institución ha trascendido la mirada anecdótica de muchos medios de comunicación, de la opinión pública y en especial del gobierno: La Defensoría del Pueblo.

Ya sea a través de reportes mensuales, informes defensoriales o boletines, esta institución se ha preocupado en abordar la intensa conflictividad existente en nuestro país antes que como sucesos puntuales y aislados, como procesos que tienen un conjunto de causas no atendidas que siguen un ciclo que desgraciadamente en muchos casos concluye en crisis que pudieron ser desactivadas a tiempo. Son innumerables las lecciones que nos ha dejado el pasado, sin embargo ¿Por qué nos cuesta tanto aprender de el?

El Reporte 71º de Conflictos Sociales conocidos por la Defensoría del Pueblo al 31 de enero de 2010 (1) nos deja más de un dato que debiéramos incorporar en la reflexión sobre la realidad de nuestro país. El reporte da cuenta de la existencia de 260 conflictos sociales, de los cuales 170 se encuentran activos (65%) y 90 en estado latente (35%). Esta diferencia, aunque pueda parecer sutil a primera vista es muy importante. Si bien los conflictos sociales activos ni fueron atendidos a tiempo e implican un trabajo inmediato, aquellos en estado de latencia brinda una oportunidad para generar las condiciones del dialogo y la solución. Desagraciadamente, la vocación de los diferentes actores estatales parece ser la de un bombero acostumbrado solamente a apagar los incendios que ve y no prevenir futuros siniestros.

Otro dato valioso que brinda este Reporte es el mapa de la conflictividad en el país que clasifica a las regiones de acuerdo al número de conflictos registrados en su jurisdicción (mas de 11, de 6 a 10 o menos de 5). De las 25 regiones de nuestro país, al menos 9 de ellas registra más de 11 conflictos. Los casos mas alarmantes son Puno (22), Cusco (20) y Junín (20). Nuestra región se encuentra en una suerte de grupo intermedio ya que registra 7 conflictos, entre ellos los conocidos Tía María, planta de tratamiento de aguas residuales, harineras de Camana, con la provincia de Espinar por Majes II y el problema de demarcación territorial con Chumbivilcas (Cusco). Solo 7 regiones tienen menos de 5 conflictos. Una nueva mirada a este mapa de conflictividad en nuestro país también parece cuestionar la imagen arraigada de un sur andino belicoso y problemático frente a una costa central y norteña con una orientación clara y pacífica.

En cuanto al tipo de conflicto destacan los socioambientales (121 casos), casi el 50 % de los casos. Bastante rezagado aparecen aquellos de asuntos de gobierno local (37 casos), laborales (28 casos), entre los mas importantes. Llama especialmente la atención que aquellos que se originan en el cultivo ilegal de la coca sean apenas 3 casos. Que puede estar sucediendo en este caso: ¿Una terrible convivencia entre estas actividades y las instituciones encargadas de reprimirlas? O ¿Situaciones de enfrentamiento tan aisladas que carecen de visibilidad en la escena publica?

Finalmente, la frecuencia de los conflictos presenta una curva muy interesante. El pico mas alto se registra a partir de la segunda mitad del año (especialmente los meses de agosto a noviembre) y registra un notable decrecimiento entre fines y comienzos de cada año. Sin embargo, el nivel de conflictividad ha dejado la valla bastante alta para este 2010, ya que si en enero de 2009 se registraban 211 casos, en enero de este año estamos partiendo de los 260 casos ya indicados.

El viejo Marx, citando a Hegel refiere que: “la historia se repite dos veces, una como tragedia, la otra como farsa”. De ello los peruanos podemos dar sobrados ejemplos.
(1) Para acceder a una versión completa del Reporte en: http://www.defensoria.gob.pe/conflictos-sociales/objetos/paginas/6/44reporte_71.pdf (Última consulta: 14 de febrero de 2010)

martes, 2 de febrero de 2010

Religión y política: tan cerca, tan lejos


Nadie duda que el 2010 y casi la primera mitad del 2011 serán años fuertemente marcados por uno de los mecanismos de la vida en democracia: las elecciones. Se acercan, inicialmente, las elecciones regionales y municipales, y el próximo año las elecciones presidenciales y parlamentarias. Para algunos analistas, la carrera se ha iniciado pronto, con algunas candidaturas casi oficiales y otras que han generado gran desconcierto. También se insiste en no descartar la figura de un nuevo outsider(al estilo Fujimori, Toledo o Humala), que haga su ingreso de manera súbita, con una plataforma de cambio que reciba una adhesión inusitada de la ciudadanía. Lo que no esperaban muchos analistas es que esta partida se iniciara poniendo sobre la mesa una serie de temas que, hábilmente, muchos candidatos evitan tocar, en función a su contenido moral, cultural o social son especialmente controversiales.

Uno de los temas planteados es el famoso Concordato celebrado entre el Estado Peruano y el Vaticano, el cual da cuenta de una serie de beneficios que un Estado definido como laico, es decir, independiente de cualquier organización y confesión religiosa, brinda a una iglesia en particular, la Católica (sueldos, infraestructura, exoneraciones y el deber de ‘evangelizar’ a las FF.AA. y la PNP). Sin embargo, no es solo este acuerdo el pretexto adecuado para reflexionar sobre la relación religión y política. También lo son otros temas, que de tanto en tanto irrumpen en la esfera pública, generando encendidos debates de uno y otro lado. Temas como el matrimonio entre homosexuales, el aborto, la eutanasia, la despenalización de las drogas, han sido dotadas por un sector importante de la iglesia no solo de un carácter moral cristiano, sino especialmente de un carácter doctrinal, el cual, de manera inmediata las aparta del debate publico ya que la doctrina, al ser inspirada por Dios, no se discute.

Sin embargo, quedan algunas preguntas ¿Cuan relevante a nivel político, es decir para todos los ciudadanos, debe ser la opinión de una iglesia en particular? ¿Cuan importante es que los temas mencionados sean discutidos, quitándoles esa suerte de dogmatismo que los recubre, que parece guiar a legisladores de uno y otro credo? ¿Cuan cercana es la presencia de la religión en la política a pesar de la insistencia en conceptos como Estado laico, libertad de culto y no discriminación? ¿Quién influye a quien? o ¿Estamos hablando de dos esferas impermeables a las influencias de uno y otro lado?

Es importante indicar que tanto la religión (para los creyentes) como la política son dos espacios fundamentales en nuestra vida, tanto pública como privada. También es importante precisar que podemos percibir no solo puntos de encuentro (o desencuentro), sino también contradicciones y temas no resueltos. Sea a través de corrientes ideológicas (como la Teología de la Liberación y su opción preferencial por los pobres), a través de rostros concretos (Gustavo Gutiérrez, Marco Arana, o, a nivel latinoamericano, Fernando Lugo o Leonardo Boff) o mediante cambios sociales u estructurales (la llamada iglesia progresista, el apostolado social o las comunidades de base) son innegables los puntos de intersección entre una y otra.

Aunque en la modernidad trata de separar ambos espacios con ideas como Estado laico (público) y religión (privado) y se inicia un proceso pocas veces entendido como la secularización, identificado erróneamente como una suerte de pérdida paulatina de la espiritualidad religiosa en los fueros de la sociedad postilustrada, podemos percibir que los vasos comunicantes entre una y otra dimensión están presentes. Es más, para Gonzalo Gamio, más que separar artificialmente una y otra, la relación moderna entre religión y política se apoya en la “…estricta responsabilidad de los agentes respecto de sus acciones al interior de su morada (ethos). Nos remite a aquello que construimos en el mundo contingente y vulnerable de nuestras instituciones, acciones y discursos”. Es decir, antes que una invitación a huir del mundo, del tipo medieval, es una a estar en el mundo y comprometerse con el. Si bien se desacraliza el poder asumiendo que su fuente no proviene del designio de un ser superior sino de la voluntad popular, esta separación apunta a “…proteger de toda ‘intervención tutelar’ el discernimiento público del ciudadano, así como procura garantizar la libertad de cada individuo para decidir creer (o no creer) sin coacción alguna.”

Finalmente, Jean Yves Calvez propone dos ideas a tener en cuenta en esta compleja relación. Inicialmente establecer una distancia prudente con la autoridad política. Las autoridades religiosas no deben aprovechar del poder político para cuestiones de conciencia o de doctrina religiosa. En segundo lugar propone distinguir bien entre mis convicciones, que tienen que ser plenamente libres y que debo poder expresar donde me quieran escuchar, y lo que es el trabajo político parlamentario como legislador. Para seguir reflexionando sobre ello pero en clave ciudadana, es decir, quitando la etiqueta de universal a aquello que es particular, buscando la argumentación y debate en aquello que pretende ser disfrazado de dogma y asumiendo que la vida en sociedad implica respetar, tolerar y conocer aquello que no por ser diferente, es menos valioso.