jueves, 25 de febrero de 2010

Una mirada a los conflictos


¿Qué tan lejanos son para usted, amable lector, los terribles sucesos de Bagua? ¿Cuántas veces ha escuchado hablar nuevamente del Moqueguazo? ¿Cuál fue el detonante del famoso Arequipazo? Responder estas preguntas puede ser un ejercicio innecesario para algunos. Para otros, abrir viejas heridas que solo el tiempo (no necesariamente la justicia) mal que bien ha cicatrizado. Para unos pocos, el siempre necesario ejercicio de mirar atrás para saber donde estamos buscando avizorar lo que esta por venir.

Y es que los conflictos no son una realidad contextual en nuestro país. No son sucesos de carácter extraordinario, que irrumpen de vez en cuando de manera cruenta y con saldos dramáticos con los que la prensa nos bombardea de manera inmisericorde hasta que volteemos la página y pasemos a otra cosa. Los conflictos, en sus diversas modalidades son una realidad cotidiana en nuestro país, extendida de manera casi uniforme y con presencia en la mayor parte de las regiones. Después de los trágicos sucesos, líneas arriba indicados, solo una institución ha trascendido la mirada anecdótica de muchos medios de comunicación, de la opinión pública y en especial del gobierno: La Defensoría del Pueblo.

Ya sea a través de reportes mensuales, informes defensoriales o boletines, esta institución se ha preocupado en abordar la intensa conflictividad existente en nuestro país antes que como sucesos puntuales y aislados, como procesos que tienen un conjunto de causas no atendidas que siguen un ciclo que desgraciadamente en muchos casos concluye en crisis que pudieron ser desactivadas a tiempo. Son innumerables las lecciones que nos ha dejado el pasado, sin embargo ¿Por qué nos cuesta tanto aprender de el?

El Reporte 71º de Conflictos Sociales conocidos por la Defensoría del Pueblo al 31 de enero de 2010 (1) nos deja más de un dato que debiéramos incorporar en la reflexión sobre la realidad de nuestro país. El reporte da cuenta de la existencia de 260 conflictos sociales, de los cuales 170 se encuentran activos (65%) y 90 en estado latente (35%). Esta diferencia, aunque pueda parecer sutil a primera vista es muy importante. Si bien los conflictos sociales activos ni fueron atendidos a tiempo e implican un trabajo inmediato, aquellos en estado de latencia brinda una oportunidad para generar las condiciones del dialogo y la solución. Desagraciadamente, la vocación de los diferentes actores estatales parece ser la de un bombero acostumbrado solamente a apagar los incendios que ve y no prevenir futuros siniestros.

Otro dato valioso que brinda este Reporte es el mapa de la conflictividad en el país que clasifica a las regiones de acuerdo al número de conflictos registrados en su jurisdicción (mas de 11, de 6 a 10 o menos de 5). De las 25 regiones de nuestro país, al menos 9 de ellas registra más de 11 conflictos. Los casos mas alarmantes son Puno (22), Cusco (20) y Junín (20). Nuestra región se encuentra en una suerte de grupo intermedio ya que registra 7 conflictos, entre ellos los conocidos Tía María, planta de tratamiento de aguas residuales, harineras de Camana, con la provincia de Espinar por Majes II y el problema de demarcación territorial con Chumbivilcas (Cusco). Solo 7 regiones tienen menos de 5 conflictos. Una nueva mirada a este mapa de conflictividad en nuestro país también parece cuestionar la imagen arraigada de un sur andino belicoso y problemático frente a una costa central y norteña con una orientación clara y pacífica.

En cuanto al tipo de conflicto destacan los socioambientales (121 casos), casi el 50 % de los casos. Bastante rezagado aparecen aquellos de asuntos de gobierno local (37 casos), laborales (28 casos), entre los mas importantes. Llama especialmente la atención que aquellos que se originan en el cultivo ilegal de la coca sean apenas 3 casos. Que puede estar sucediendo en este caso: ¿Una terrible convivencia entre estas actividades y las instituciones encargadas de reprimirlas? O ¿Situaciones de enfrentamiento tan aisladas que carecen de visibilidad en la escena publica?

Finalmente, la frecuencia de los conflictos presenta una curva muy interesante. El pico mas alto se registra a partir de la segunda mitad del año (especialmente los meses de agosto a noviembre) y registra un notable decrecimiento entre fines y comienzos de cada año. Sin embargo, el nivel de conflictividad ha dejado la valla bastante alta para este 2010, ya que si en enero de 2009 se registraban 211 casos, en enero de este año estamos partiendo de los 260 casos ya indicados.

El viejo Marx, citando a Hegel refiere que: “la historia se repite dos veces, una como tragedia, la otra como farsa”. De ello los peruanos podemos dar sobrados ejemplos.
(1) Para acceder a una versión completa del Reporte en: http://www.defensoria.gob.pe/conflictos-sociales/objetos/paginas/6/44reporte_71.pdf (Última consulta: 14 de febrero de 2010)

martes, 2 de febrero de 2010

Religión y política: tan cerca, tan lejos


Nadie duda que el 2010 y casi la primera mitad del 2011 serán años fuertemente marcados por uno de los mecanismos de la vida en democracia: las elecciones. Se acercan, inicialmente, las elecciones regionales y municipales, y el próximo año las elecciones presidenciales y parlamentarias. Para algunos analistas, la carrera se ha iniciado pronto, con algunas candidaturas casi oficiales y otras que han generado gran desconcierto. También se insiste en no descartar la figura de un nuevo outsider(al estilo Fujimori, Toledo o Humala), que haga su ingreso de manera súbita, con una plataforma de cambio que reciba una adhesión inusitada de la ciudadanía. Lo que no esperaban muchos analistas es que esta partida se iniciara poniendo sobre la mesa una serie de temas que, hábilmente, muchos candidatos evitan tocar, en función a su contenido moral, cultural o social son especialmente controversiales.

Uno de los temas planteados es el famoso Concordato celebrado entre el Estado Peruano y el Vaticano, el cual da cuenta de una serie de beneficios que un Estado definido como laico, es decir, independiente de cualquier organización y confesión religiosa, brinda a una iglesia en particular, la Católica (sueldos, infraestructura, exoneraciones y el deber de ‘evangelizar’ a las FF.AA. y la PNP). Sin embargo, no es solo este acuerdo el pretexto adecuado para reflexionar sobre la relación religión y política. También lo son otros temas, que de tanto en tanto irrumpen en la esfera pública, generando encendidos debates de uno y otro lado. Temas como el matrimonio entre homosexuales, el aborto, la eutanasia, la despenalización de las drogas, han sido dotadas por un sector importante de la iglesia no solo de un carácter moral cristiano, sino especialmente de un carácter doctrinal, el cual, de manera inmediata las aparta del debate publico ya que la doctrina, al ser inspirada por Dios, no se discute.

Sin embargo, quedan algunas preguntas ¿Cuan relevante a nivel político, es decir para todos los ciudadanos, debe ser la opinión de una iglesia en particular? ¿Cuan importante es que los temas mencionados sean discutidos, quitándoles esa suerte de dogmatismo que los recubre, que parece guiar a legisladores de uno y otro credo? ¿Cuan cercana es la presencia de la religión en la política a pesar de la insistencia en conceptos como Estado laico, libertad de culto y no discriminación? ¿Quién influye a quien? o ¿Estamos hablando de dos esferas impermeables a las influencias de uno y otro lado?

Es importante indicar que tanto la religión (para los creyentes) como la política son dos espacios fundamentales en nuestra vida, tanto pública como privada. También es importante precisar que podemos percibir no solo puntos de encuentro (o desencuentro), sino también contradicciones y temas no resueltos. Sea a través de corrientes ideológicas (como la Teología de la Liberación y su opción preferencial por los pobres), a través de rostros concretos (Gustavo Gutiérrez, Marco Arana, o, a nivel latinoamericano, Fernando Lugo o Leonardo Boff) o mediante cambios sociales u estructurales (la llamada iglesia progresista, el apostolado social o las comunidades de base) son innegables los puntos de intersección entre una y otra.

Aunque en la modernidad trata de separar ambos espacios con ideas como Estado laico (público) y religión (privado) y se inicia un proceso pocas veces entendido como la secularización, identificado erróneamente como una suerte de pérdida paulatina de la espiritualidad religiosa en los fueros de la sociedad postilustrada, podemos percibir que los vasos comunicantes entre una y otra dimensión están presentes. Es más, para Gonzalo Gamio, más que separar artificialmente una y otra, la relación moderna entre religión y política se apoya en la “…estricta responsabilidad de los agentes respecto de sus acciones al interior de su morada (ethos). Nos remite a aquello que construimos en el mundo contingente y vulnerable de nuestras instituciones, acciones y discursos”. Es decir, antes que una invitación a huir del mundo, del tipo medieval, es una a estar en el mundo y comprometerse con el. Si bien se desacraliza el poder asumiendo que su fuente no proviene del designio de un ser superior sino de la voluntad popular, esta separación apunta a “…proteger de toda ‘intervención tutelar’ el discernimiento público del ciudadano, así como procura garantizar la libertad de cada individuo para decidir creer (o no creer) sin coacción alguna.”

Finalmente, Jean Yves Calvez propone dos ideas a tener en cuenta en esta compleja relación. Inicialmente establecer una distancia prudente con la autoridad política. Las autoridades religiosas no deben aprovechar del poder político para cuestiones de conciencia o de doctrina religiosa. En segundo lugar propone distinguir bien entre mis convicciones, que tienen que ser plenamente libres y que debo poder expresar donde me quieran escuchar, y lo que es el trabajo político parlamentario como legislador. Para seguir reflexionando sobre ello pero en clave ciudadana, es decir, quitando la etiqueta de universal a aquello que es particular, buscando la argumentación y debate en aquello que pretende ser disfrazado de dogma y asumiendo que la vida en sociedad implica respetar, tolerar y conocer aquello que no por ser diferente, es menos valioso.

¿A la minería dile no?


Hace pocos días, un grupo de pobladores de la provincia de Islay manifestaron su rechazo en contra de la actividad minera que se cristalizaría a través del cada vez más famoso proyecto Tía Maria a cargo de la minera Southern Perú Copper Corp. (SPCC). El argumento principal es la profunda desconfianza respecto al manejo del agua por parte de la mina y sus previsibles consecuencias con respecto a la principal actividad del Valle de Tambo: la agricultura. Aunque esta prevista una audiencia pública para el día 15 de febrero donde SPCC explicara los efectos ambientas y como gestionará el recurso hídrico, la situación real nos presenta una población mayoritariamente movilizada en contra de la actividad minera.

A partir de estas primeras líneas que intentan resumir lo acontecido hasta el momento, surgen algunas preguntas que inicialmente me animo a proponer: ¿Es la minera el único camino rumbo al desarrollo? ¿Existen actividades, como la agricultura, la ganadería, las manufacturas o los servicios que pueden convertirse en alternativas concretas frente a una solo visión de desarrollo? ¿Son salvajes, atrasados, ignorantes o mezquinos aquellos que se oponen a la misma? ¿O más bien terroristas y comunistas que aprovechan hábilmente la coyuntura para presentar, en un empaque distinto, ideas consideradas trasnochadas? Vayamos revisando cada uno de ellas, tratando de proponer algunas reflexiones que amplíen nuestra mirada del desarrollo.

Inicialmente es innegable el rol que ha tenido y tiene la minería en nuestro país. Desde tiempos prehispánicos su presencia en la vida no solo económica, sino también religiosa (rituales), artística o social (obsequio para reforzar viejas alianzas) esta ampliamente documentada en las crónica de la época y en las magnificas obras de arte que nos han sido legadas. Naturalmente en la colonia la actividad minera no solo se intensifica a costa de la vida de muchos indígenas, sino también el valor de la producción toma un nuevo sentido y se convierte en riqueza. Es en la República, con la presencia del Estado, que la actividad asume una nueva normatividad, buscando no solo proteger al trabajador, sino especialmente a partir de los años noventa, fomentar la inversión privada y reflejar socialmente las ganancias a través del canon minero.

Todo ello se refleja actualmente en la vida económica del país. Solo basta sumar el capital invertido en proyectos mineros en los últimos veinte años (de 1993 a 2008 US$ 15, 826 millones según la SNMPE), el papel que juegan en nuestra balanza comercial (60% de las exportaciones según el BCRP al 2009), su presencia a nivel de PBI (5.9 % en el 2009, BCRP), puestos de trabajo generados directa o indirectamente, la inversión en Responsabilidad Social buscando, ya sea llevar la fiesta en paz con la comunidad o asumir un compromiso real con respecto al desarrollo de su entorno, dejando de ser una isla de productividad en medio de un mar de miseria y resentimiento.

Sin embargo, atendiendo estos argumentos que podrían aparecer como defensa decidida de la actividad minera, incluso recogiendo los impactos negativos de la actividad, principalmente contaminación ambiental y cambio social acelerado y desordenado, la pregunta que anima este artículo aun parece sostenerse ¿Es posible concebir el desarrollo de un determinado espacio al margen de las actividades extractivas primarias, entre ellas la minería? Para los defensores a ultranza de la minería, pareciera no existir otra alternativa. Para ellos, el Perú es un “país minero” por antonomasia y cualquier negativa al desarrollo de esta actividad solo representa una suerte de autocondena a la pobreza y subdesarrollo de la comunidad implicada.

No obstante, una de las críticas mas importantes a la concepción clásica del desarrollo es esta concepción de camino único que presentaba hasta hace muy poco tiempo. Esta visión se presenta como suerte de escalera, donde todos estamos destinados a ir subiendo los peldaños que otros ya pasaron, con resultados más o menos felices. La realidad, a veces con cruel ironía, se ha encargado de mostrarnos más de una vez que el camino de unos no es el camino de todos. Que la historia no esta escrita y la ruta ya trazada. El desarrollo económico no es suficiente si no va acompañado de desarrollo humano con el consiguiente incremento de capital no solo financiero, sino social (instituciones) y humano (educación). Que el verdadero desarrollo es aquel que satisface necesidades presentes sin comprometer las futuras.

Es difícil saber que vendrá mas adelante. En el mejor de los casos podemos diseñar distintos escenarios o futuros posibles, probablemente la mayoría de ellos mostrando una actividad que termina por imponerse en virtud del poder económico y político detrás de ella. Yo me animo a proponer otro escenario, tal vez más difícil pero al mismo tiempo más ambicioso: una comunidad que democráticamente concibe si en su futuro hay espacio para una actividad como la minería. Si lo hubiera, es capaz de articularlo de manera coherente en una visión más amplia de desarrollo de carácter sostenible. En el caso que no conciba esta actividad, demostrar que es posible alcanzar el bienestar aún a costa de decirle no a la minería. Es un gran reto, pero también una buena oportunidad de trazar un nuevo camino. Veremos.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Carta al año viejo


Querido 2009:
Hoy parecen lejanas aquellas voces que te recibían, bulliciosas, cuando apenas terminabas de llegar. Abrazos, risas, brindis interminables, buenos deseos, promesas cargadas de un optimismo que las hacia no solo posibles, sino reales. “Este año obtendré el trabajo que siempre quise”, “Desde mañana empiezo mi dieta”, “Volveré a comunicarme con mi padre con quien no hablo desde hace años”, “Prometo ser un mejor esposo y acercarme mas a mis hijos”, “Este año me caso”, “Me voy de viaje”, “Me compró el carro”, “Me eligen presidente”. En fin, tantas promesas y deseos como personas, y teniendo como único límite nuestra capacidad de soñar. Tú parecías observar todo ello en un silencio sabio y reverente, digno de quien conoce lo efímeros que pueden ser ciertas promesas, más aún entre los hombres.

Hoy, que todos piensan en despedirte, seguramente debes observarnos ya no con el gesto sereno de tus primeros días, donde cada deseo era nuevo e iba acompañado de ritos, tradiciones, símbolos y colores que buscaban ‘torcer’ el destino a favor nuestro. Hoy, probablemente, te encuentras con las mismas promesas, los mismos deseos, intenciones similares que recibieron tu llegada. Y creo comprender también tu cara de asombro al encontrar promesas similares y te preguntarás: “¿Qué paso durante un año si los deseos siguen siendo los mismos? ¿Es que acaso no se alcanzó nada? ¿O lo logrado no es suficiente? ¿Por qué repetir todo ello con aquel que esta por llegar si conmigo al parecer no funcionó? ¿Qué es aquello que los empuja a hacer lo mismo cada año? ¿Qué les hace creer que todo tiempo nuevo es mejor? Puede ser igual e incluso peor. Ninguno tiene mas peso que la otra en la balanza del destino.”

Pues, de igual modo que tus antecesores, iras llegando a una conclusión a medida que tu agonía va creciendo con cada segundo que pasa. Estas preguntas no se pueden responderse fácilmente porque se estrellan contra la complejidad de la condición humana. Aún cuando el pincel de la evolución nos haya brindado diferentes matices, al parecer compartimos mas cosas de la que creemos. Tal vez un año ha sido suficiente para percatarte de nuestras contradicciones. De lo impredecibles que podemos ser. De lo mucho que se han esforzado las ciencias de la sociedad tratando de establecer leyes que puedan, al menos, predecir comportamientos individuales y colectivos, y lo frustrante que puede ser no lograr encontrarlas.

Y es que, también un año basta, habrás encontrado entre nosotros de todo. Si, todos compartimos la condición humana, pero esa universalidad es tan solo el marco de la diversidad. Podemos ser fuente de bondad infinita y conmovedora. Ver al otro como un hermano, al necesitado como un pariente en desgracia, al miserable como un llamado permanente al servicio. Pero también has podido conocer nuestra cara monstruosa, aquella que lucra con la miseria y se congracia con las guerras. Aquella que nunca abandonó la torre de marfil y regodeada en autosuficiencia termina convirtiendo en instrumento a todo: a la naturaleza, a los recursos, a los animales y al hombre. Te preguntarás si estas frente a dos tipos de hombre. Me apena decir que esta frente a la misma especie, que reproduce fielmente la metáfora que utiliza Robert Luis Stevenson para expresar la lucha interior del bien y el mal que todos libramos a través del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

Ha sido también, y en ello debemos agradecer tu generosidad, un año de nuevos descubrimientos, avances científicos y desarrollos que confirman ese deseo indeclinable que posee el hombre en avanzar a pesar de los obstáculos. Sin embargo, nuevamente el ego de muchos se desinfla al reconocer los límites de estos avances y las tareas que quedan por hacer. Conocemos un poco más el mundo que nos rodea, pero lo seguimos contaminando. La medicina sigue mostrando desarrollos inimaginables, pero una gripe de nombre complicado nos hizo sentir, mas que nunca, parte de este mismo vecindario llamado tierra y apreciar lo vulnerables que podemos ser frente a lo desconocido. Desgraciadamente, estos baños de humildad frente a nuestros propios límites, los olvidamos fácilmente y nuevamente volvemos a contemplarnos como la especie destinada a dominar el planeta. Que fácilmente olvidamos que somos inquilinos recientes, solo hace 6 millones de años, un suspiro en la vida de la tierra y casi nada en la del universo.

No te extrañe entonces que no solo se repitan las promesas, sino también las contradicciones y los indescifrables sinsentidos y ambigüedades que poseemos. Somos así, no es nada personal. Incluso estas contradicciones parecen ser, al mismo tiempo, la fuente de nuestra aparente grandeza y la causa de nuestras desgracias. Antes de despedirme, solo un pedido final: no te vayas del todo. Quédate un poco mas para ayudar a conocernos mejor y no convertir tu partida en tan solo una vuelta de página, en una excusa para ser felices por una noche y volver a ser los mismos la mañana siguiente. Es siempre necesario tener una suerte de guardián que permanezca vigilante y quien mejor que tu, ahijado del tiempo, que es infinito.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El pishtaco y el espía


Si al amable lector le preguntara que tienen en común esta banda de pishtacos que asesinaban personas para robarles la grasa y luego venderla al extranjero, con el hace poco descubierto espía que enviaba frecuentemente información a nuestro vecino del sur por varios miles de dólares, intuyo que en un primer momento dos podrían ser las respuestas: la primera relacionada con la simultaneidad en la aparición de las noticias, habiendo entre ellas algunos pocos días. La segunda es el revuelo mediático que han originado ambas, resaltando el carácter mítico de la primera y en la segunda la confirmación para muchos sectores que el afán expansionista chileno no sería cosa del pasado. Sin embargo, hay un tercer elemento que parece unir a ambos e, incluso, establecer cierta relación de causalidad entre uno y otro, que va mas allá de la pretendida tesis del psicosocial que se asocia con los pishtacos. En este artículo inicialmente brindaremos algunos datos importantes sobre el pishtaco para, posteriormente, poder presentar el vaso comunicante entre uno y otro.

Inicialmente es pertinente indicar que el termino pishtaco no es de uso generalizado en la sierra de nuestro país. Mientras en Ayacucho es conocido como pishtaco, en Puno se le conoce como karasiri y en Apurímac (y el norte) lo denominan nakaq. El mito da cuenta de un hombre vestido de monje, o de traje parecido, que ataca a los viajeros solitarios en los caminos alejados. Los adormece y le despoja de la grasa (unto). Luego los abandona en el camino mientras se marcha con su botín. Cuando el viajero se despierta, cree que todo ha sido un sueño y sigue su camino. Fallece días después, sin conocer el motivo (Morote Best, 1988: 156)

Esta grasa es vendida por el pishtaco para que las campanas de las iglesias suenen fuerte, dar brillo al rostro de los santos o funcionen mejor las máquinas. En versiones más modernas, se cree que era vendida al extranjero para crear medicina, máquinas de alta tecnología o para pagar la deuda externa. El destino de la grasa vendida por la banda recientemente descubierta eran los productos de belleza y la investigación científica. Finalmente, ¿por qué grasa humana? Para los hombres del campo, el unto (grasa) es la fuerza vital del ser humano. Un hombre robusto es capaz de someterse a grandes jornadas de trabajo, a diferencia de uno más delgado.

Ahora bien, ¿Cuál es la relación entre uno y otro? Gonzalo Portocarrero, a propósito de un episodio que se originó en Lima entre noviembre y diciembre de 1988 desliza una tesis más que interesante que pretende explicar como irrumpen repentinamente estas historias que parecen estar latentes en el inconciente colectivo. Portocarrero da cuenta que en esta época aparecieron numerosos casos de niños raptados de sus centros educativos, o de lugares solitarios. Se afirmaba que sujetos de tez blanca (extranjeros) y algunos negros les extraían los ojos y otros órganos vitales: luego los abandonaban con dólares en algún bolsillo del infante. Estos órganos se vendían al extranjero al mejor postor.

Para el autor esta situación coincidía con “…semanas de agudización de la crisis económica y la parálisis del gobierno con una hola de huelgas y el colapso de los servicios públicos.”(Portocarrero, 1991: 21) Los denominados ‘sacaojos’ (variante funcional del pishtaco en un entorno urbano) aparecen no solo como una reacción frente a la coyuntura que genera mucho miedo y ansiedad, además pasan a convertirse una suerte de mecanismo para aliviar la tensión.

Pero es también importante resaltar que la tensión que se genera es fuertemente alimentada por la figura del ‘otro’ como amenaza, como peligro, como usurpador de lo más valioso que posee cada individuo o comunidad. Tanto los pishtacos como los sacaojos son descritos como extraños, ajenos a la comunidad. En el caso del pishtaco como mestizo, blanco o extranjero. Los sacaojos, en el trabajo de Portocarrero, son descritos como médicos blancos y ayudantes negros. Conviene preguntarnos entonces: ¿En que medida, este fantasma que hemos heredado desde la Guerra del Pacifico que concibe a Chile como amenaza y usurpador permanente (antes Arica, hoy el pisco), expresada hoy a través de un espía, se ha convertido en elemento clave que genera la reactivación de un mito latente en el inconciente colectivo? ¿Por qué esta irrupción casi simultánea?

Estas tan solo son algunas preguntas que pretenden reconocer que subyace en medio de estos fenómenos y también indagar como nuestra sociedad va procesando determinados sucesos. Como refería Carl G. Jung, la vida es como una planta que vive siempre de su rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura solo un verano. El rizoma siempre permanece.

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Hacia donde va la universidad?


Hace pocos días se celebró un aniversario más de creación de la Universidad Nacional de San Agustín. Para muchos agustinos, esta ocasión más que motivo de celebración es una oportunidad propicia para reflexionar acerca del rol de la universidad pública en nuestro país. ¿Hacia donde va? ¿Cómo emprenderá este camino? ¿De que recursos dispone? y ¿Hacia quienes esta dirigida? Es innegable el avance tecnológico y el papel fundamental que desempeña la universidad en muchas sociedades, no solo como espacio de formación profesional, sino de manera fundamental, como fuente incesante de creación de conocimientos que tengan como sentido la solución de problemas, tanto ordinarios como extraordinarios. Vamos a evaluar brevemente la situación de la universidad, no como un ejercicio que busque insistir en las debilidades y carencias, sino más bien como oportunidad para pensar donde estamos y hacia donde vamos.

Uno de los instrumentos más comunes para medir el lugar que ocupa las distintas universidades en el mundo es el Ranking Web de Universidades (1). Este ranking es una iniciativa del Laboratorio de Cibermetría, que pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el mayor centro nacional de investigación de España. Este ranking utiliza cuatro variables: tamaño, visibilidad, ficheros ricos y scholar (estudiantes). Es interesante constatar en este ranking que las 21 mejores universidades del mundo están ubicadas en los EE.UU. ocupando en primer lugar el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Recién en el puesto 22 aparece la Universidad de Cambridge del Reino Unido y en el puesto 24 la Universidad de Tokio de Japón.

El lector inmediatamente se preguntará ¿Qué lugar ocupan las universidades peruanas? Veamos: la Pontificia Universidad Católica del Perú, la mejor universidad privada del país ocupa el puesto 827. Y a nivel de Arequipa la Universidad Católica Santa María (UCSM) ocupa el puesto 3586. Es pertinente también indicar que solo dos universidades fuera de Lima figuran en el ranking: la UCSM y la Universidad de Piura. Naturalmente podremos encontrar personas que cuestionen tanto la metodología, como los instrumentos utilizados en el diseño e implementación de este trabajo. Sin embargo, nuestra posición en otros rankings tampoco podemos considerarla expectante, ni siquiera en Latinoamérica.

Ciudadanos al Día (CAD) presenta también un informe (2) que da cuenta de la realidad universitaria en nuestro país. Entre los datos más relevantes podemos considerar que, al 2009, existen 98 universidades en nuestro país (35 públicas y 63 privadas). Sin embargo, a pesar que el número de universidades privadas casi dobla el de universidades públicas, la diferencia en alumnos matriculados entre una y otra es apenas 3% del total. Esta dato es particularmente llamativo, ya que podría indicarnos que a pesar del avance y creación interminable de universidades privadas (no todas con una propuesta académica sería) la universidad pública sigue siendo un espacio privilegiado de educación para aquellos sectores con recursos económicos limitados.

Esta situación, de confianza en la educación pública, lamentable contrasta con la calidad de la formación y con la disponibilidad de recursos no solo otorgados por el Estado (51 % según el mismo informe de CAD) sino especialmente en la generación de recursos propios (apenas el 28 % proveniente principalmente de tasas, venta de bienes, prestación de servicios, rentas de propiedad y multas). En la denominada sociedad del conocimiento, este no solo es el bien más valorado, sino también el que mejores ingresos genera. Sin embargo ¿es el conocimiento que genera la universidad altamente productivo? Esta última situación se ve reflejada en la distribución del gasto que hace la universidad, donde el 73% del presupuesto se asigna al gasto corriente y apenas el 27 % al gasto de capital que, como sabemos, es un desembolso de fondos que se espera que produzca beneficios durante un periodo determinado.

Para Manuel Burga, Rector Emérito de la UNMSM: “… es necesario un financiamiento que asegure el desarrollo de la universidad pública peruana como sucede en otros países de América Latina. Pero es igualmente urgente recuperar y asegurar la calidad académica, tanto en la docencia, investigación como la proyección a la comunidad. Pero un financiamiento adecuado y un proceso de aseguramiento de la calidad deben sustentarse en un gobierno eficiente y eficaz de la universidad.” (3) Mayores recursos, por si solos, no garantizan el desarrollo de la universidad. Más dinero con recursos humanos limitados y sin un rumbo claro, no haría mas que repetir el circulo perverso de la pobreza, la improvisación, la corrupción y el atraso.
(1) En: http://www.webometrics.info/about_es.html (Última consulta: 11 de noviembre de 2009)
(2)En:http://www.ciudadanosaldia.org/boletines/repositorio/b66/Boletin_66_Universidades_Sep2009.pdf (Última consulta: 11 de noviembre de 2009)
(3) Burga, Manuel et al (2005) Temas de reflexión en torno a la universidad peruana. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos

lunes, 31 de agosto de 2009

Arequipa: Sus poemas, sus canciones


Al tratar de acercarse a la cultura de un pueblo, las ciencias sociales en general y la antropología en particular, buscan observar aquellas manifestaciones que sean expresión cotidiana y, al mismo tiempo, particular de un grupo humano. Estas van desde lo tangible (alimentación, vestido, herramientas, objetos que se intercambian o venden) hasta aquello que no vemos pero sabemos que es parte de la vida en sociedad de toda cultura (creencias, canciones, leyendas, etc.). En el caso de Arequipa, buscaremos (re)conocerla, a través de dos de sus expresiones emblemáticas: los poemas lonccos (1) y la música arequipeña. Sea usted, amable lector, quien juzgue si estas expresiones siguen siendo un espejo en el cual podemos reflejarnos o si se han convertido en un recuerdo cargado de nostalgia y melancolía.
Iniciemos esta reflexión con un poema loncco llamado “El romance de la lechera”: “Lecherita, lecherita/que vaís pa la ciuda/si el ccala te piropeya/lecherita, no le oigáis./Los piropos de los ccalas/tienen un veneno tal/que si se te mete en el alma/ya no guelve a salir más.” Este breve poema podría hablarnos de una ciudad con dos espacios definidos y en permanente interacción: el campo y la ciudad. Es el loncco, representante del espacio rural, quien no cesa de aconsejar a La Lecherita en su aventura urbana. El ccala, el otro elemento de esta visión dicotómica de las clases sociales en nuestra ciudad, aparece en el poema como peligroso. Pero, aún frente al evidente antagonismo de uno y otro grupo, al parecer ambos encontraron formas racionales de convivencia. De hecho, mucha de la desconfianza del hombre del campo respecto al de la ciudad parece sublimarse a través de la poesía loncca, que no solo expresa suspicacia, sino también cierta sorna y sentido de superioridad frente al ccala. Esto no llego a traducirse en hostilidad abierta de una u otra parte y son las migraciones que vive intensamente nuestra ciudad las que de alguna manera reconfiguran esta suerte de equilibrio estratégico entre uno y otro lado.
Revisemos un segundo poema loncco llamado “La Picantería”: “Cómo poder olvidarte. Picantería de mis pueblos,/donde sonccaba la chicha, la usma o la sayana,/con el picante jayari pa’ apaciguar la mañana;/mascando un chinchucho, con ese chaqque de nabos./Cómo no recordar mis tiznadas paredes de adobe;/tu techo de tijera, con su ccechincha llorona;/ tus claraboyas pintadas por esa paila glotona,/tras la tinaja, un chasca para que no se roben.”. La picantería, como menciona Hernán Cornejo: “… son establecimientos, pequeños restaurantes, instituciones sociales vivas de la ciudad, donde se reproducen costumbres tradicionales, lugares de encuentro donde se confunden las clases sociales…” (2) Sin embargo, Cornejo también reconoce que “La picantería ha resistido mas de cinco siglos, se ha enfrentado a la veleidad de las modas culinarias, a los guisos europeizados, y también a los encantos de cada tiempo…” Parecen conservar los sabores característicos de la gastronomía arequipeña, pero también haber perdido la dimensión más social que las caracterizaba. Un espacio que parecía no solo suspender temporalmente las diferencias sino, además lograr su encuentro, parece haber cedido a una sociedad que parece luchar por jerarquizar las relaciones interpersonales y dar a cada uno “el lugar que le corresponde.”

Finalmente, una canción muy conocida: “Quería verte inolvidable tierra querida/Arequipa ciudad blanca de mi amor/embriagado de distancia, añoraba la fragancia/de tu suelo tu campiña y su verdor./Cuando hace tiempo deje tus lares entristecido/con una pena de los hijos que se van/hubo un límpido aguacero y una lluvia de luceros/que en mis ojos contemplando tu volcán” Esta canción, que pertenece al dúo Los Dávalos, da cuenta dos un elemento mas que sugerente: el poder de la identidad. Son muchos los arequipeños que han dejado la ciudad, sin embargo, sentimientos como el desarraigo y la nostalgia parecen acentuarse de manera especial frente a su tierra. Es interesante percibir como en un mundo globalizado, donde se es ciudadano del mundo y se desarrolla una suerte de cosmopolitismo que adecuadamente describe Anthony Appiah como una creciente interconexión que nos ha convertido en miembros de una comunidad única, en moradores de una aldea global, subsisten arraigos, lazos, vínculos tan profundos con el lugar de origen. En el caso del El Regreso, pareciera dar cuenta de una sociedad en movimiento, con arequipeños globales que al mismo tiempo siguen dando a su ciudad un lugar principal en la construcción de su identidad.

Estas expresiones que brevemente hemos intentado analizar dan cuenta de una Arequipa que ya se fue, pero no del todo. De igual manera de una Arequipa que ya ha llegado, pero no completamente. Y es que la línea entre tradición y modernidad, que algunos se esfuerzan en remarcar, es más bien tenue y llena de pequeños poros que permiten el intercambio de uno y otro ámbito. La clave parece ser la construcción de una sociedad cuyas tradiciones puedan ser el cimiento más importante en la construcción de su porvenir, pero teniendo en cuenta las tradiciones de todos ya que el futuro es compartido.
(1) En: http://linda-arequipa.com/poemas-lonccos/ (Consulta: 25 de agosto de 2009)
(2) Cornejo, Hernán (s/f) La picantería arequipeña: cambio y continuidad culinaria. En: sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtualData/publicaciones/revis.../a07.pdf (Consulta: 25 de agosto de 2009)