jueves, 31 de diciembre de 2009

Carta al año viejo


Querido 2009:
Hoy parecen lejanas aquellas voces que te recibían, bulliciosas, cuando apenas terminabas de llegar. Abrazos, risas, brindis interminables, buenos deseos, promesas cargadas de un optimismo que las hacia no solo posibles, sino reales. “Este año obtendré el trabajo que siempre quise”, “Desde mañana empiezo mi dieta”, “Volveré a comunicarme con mi padre con quien no hablo desde hace años”, “Prometo ser un mejor esposo y acercarme mas a mis hijos”, “Este año me caso”, “Me voy de viaje”, “Me compró el carro”, “Me eligen presidente”. En fin, tantas promesas y deseos como personas, y teniendo como único límite nuestra capacidad de soñar. Tú parecías observar todo ello en un silencio sabio y reverente, digno de quien conoce lo efímeros que pueden ser ciertas promesas, más aún entre los hombres.

Hoy, que todos piensan en despedirte, seguramente debes observarnos ya no con el gesto sereno de tus primeros días, donde cada deseo era nuevo e iba acompañado de ritos, tradiciones, símbolos y colores que buscaban ‘torcer’ el destino a favor nuestro. Hoy, probablemente, te encuentras con las mismas promesas, los mismos deseos, intenciones similares que recibieron tu llegada. Y creo comprender también tu cara de asombro al encontrar promesas similares y te preguntarás: “¿Qué paso durante un año si los deseos siguen siendo los mismos? ¿Es que acaso no se alcanzó nada? ¿O lo logrado no es suficiente? ¿Por qué repetir todo ello con aquel que esta por llegar si conmigo al parecer no funcionó? ¿Qué es aquello que los empuja a hacer lo mismo cada año? ¿Qué les hace creer que todo tiempo nuevo es mejor? Puede ser igual e incluso peor. Ninguno tiene mas peso que la otra en la balanza del destino.”

Pues, de igual modo que tus antecesores, iras llegando a una conclusión a medida que tu agonía va creciendo con cada segundo que pasa. Estas preguntas no se pueden responderse fácilmente porque se estrellan contra la complejidad de la condición humana. Aún cuando el pincel de la evolución nos haya brindado diferentes matices, al parecer compartimos mas cosas de la que creemos. Tal vez un año ha sido suficiente para percatarte de nuestras contradicciones. De lo impredecibles que podemos ser. De lo mucho que se han esforzado las ciencias de la sociedad tratando de establecer leyes que puedan, al menos, predecir comportamientos individuales y colectivos, y lo frustrante que puede ser no lograr encontrarlas.

Y es que, también un año basta, habrás encontrado entre nosotros de todo. Si, todos compartimos la condición humana, pero esa universalidad es tan solo el marco de la diversidad. Podemos ser fuente de bondad infinita y conmovedora. Ver al otro como un hermano, al necesitado como un pariente en desgracia, al miserable como un llamado permanente al servicio. Pero también has podido conocer nuestra cara monstruosa, aquella que lucra con la miseria y se congracia con las guerras. Aquella que nunca abandonó la torre de marfil y regodeada en autosuficiencia termina convirtiendo en instrumento a todo: a la naturaleza, a los recursos, a los animales y al hombre. Te preguntarás si estas frente a dos tipos de hombre. Me apena decir que esta frente a la misma especie, que reproduce fielmente la metáfora que utiliza Robert Luis Stevenson para expresar la lucha interior del bien y el mal que todos libramos a través del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

Ha sido también, y en ello debemos agradecer tu generosidad, un año de nuevos descubrimientos, avances científicos y desarrollos que confirman ese deseo indeclinable que posee el hombre en avanzar a pesar de los obstáculos. Sin embargo, nuevamente el ego de muchos se desinfla al reconocer los límites de estos avances y las tareas que quedan por hacer. Conocemos un poco más el mundo que nos rodea, pero lo seguimos contaminando. La medicina sigue mostrando desarrollos inimaginables, pero una gripe de nombre complicado nos hizo sentir, mas que nunca, parte de este mismo vecindario llamado tierra y apreciar lo vulnerables que podemos ser frente a lo desconocido. Desgraciadamente, estos baños de humildad frente a nuestros propios límites, los olvidamos fácilmente y nuevamente volvemos a contemplarnos como la especie destinada a dominar el planeta. Que fácilmente olvidamos que somos inquilinos recientes, solo hace 6 millones de años, un suspiro en la vida de la tierra y casi nada en la del universo.

No te extrañe entonces que no solo se repitan las promesas, sino también las contradicciones y los indescifrables sinsentidos y ambigüedades que poseemos. Somos así, no es nada personal. Incluso estas contradicciones parecen ser, al mismo tiempo, la fuente de nuestra aparente grandeza y la causa de nuestras desgracias. Antes de despedirme, solo un pedido final: no te vayas del todo. Quédate un poco mas para ayudar a conocernos mejor y no convertir tu partida en tan solo una vuelta de página, en una excusa para ser felices por una noche y volver a ser los mismos la mañana siguiente. Es siempre necesario tener una suerte de guardián que permanezca vigilante y quien mejor que tu, ahijado del tiempo, que es infinito.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El pishtaco y el espía


Si al amable lector le preguntara que tienen en común esta banda de pishtacos que asesinaban personas para robarles la grasa y luego venderla al extranjero, con el hace poco descubierto espía que enviaba frecuentemente información a nuestro vecino del sur por varios miles de dólares, intuyo que en un primer momento dos podrían ser las respuestas: la primera relacionada con la simultaneidad en la aparición de las noticias, habiendo entre ellas algunos pocos días. La segunda es el revuelo mediático que han originado ambas, resaltando el carácter mítico de la primera y en la segunda la confirmación para muchos sectores que el afán expansionista chileno no sería cosa del pasado. Sin embargo, hay un tercer elemento que parece unir a ambos e, incluso, establecer cierta relación de causalidad entre uno y otro, que va mas allá de la pretendida tesis del psicosocial que se asocia con los pishtacos. En este artículo inicialmente brindaremos algunos datos importantes sobre el pishtaco para, posteriormente, poder presentar el vaso comunicante entre uno y otro.

Inicialmente es pertinente indicar que el termino pishtaco no es de uso generalizado en la sierra de nuestro país. Mientras en Ayacucho es conocido como pishtaco, en Puno se le conoce como karasiri y en Apurímac (y el norte) lo denominan nakaq. El mito da cuenta de un hombre vestido de monje, o de traje parecido, que ataca a los viajeros solitarios en los caminos alejados. Los adormece y le despoja de la grasa (unto). Luego los abandona en el camino mientras se marcha con su botín. Cuando el viajero se despierta, cree que todo ha sido un sueño y sigue su camino. Fallece días después, sin conocer el motivo (Morote Best, 1988: 156)

Esta grasa es vendida por el pishtaco para que las campanas de las iglesias suenen fuerte, dar brillo al rostro de los santos o funcionen mejor las máquinas. En versiones más modernas, se cree que era vendida al extranjero para crear medicina, máquinas de alta tecnología o para pagar la deuda externa. El destino de la grasa vendida por la banda recientemente descubierta eran los productos de belleza y la investigación científica. Finalmente, ¿por qué grasa humana? Para los hombres del campo, el unto (grasa) es la fuerza vital del ser humano. Un hombre robusto es capaz de someterse a grandes jornadas de trabajo, a diferencia de uno más delgado.

Ahora bien, ¿Cuál es la relación entre uno y otro? Gonzalo Portocarrero, a propósito de un episodio que se originó en Lima entre noviembre y diciembre de 1988 desliza una tesis más que interesante que pretende explicar como irrumpen repentinamente estas historias que parecen estar latentes en el inconciente colectivo. Portocarrero da cuenta que en esta época aparecieron numerosos casos de niños raptados de sus centros educativos, o de lugares solitarios. Se afirmaba que sujetos de tez blanca (extranjeros) y algunos negros les extraían los ojos y otros órganos vitales: luego los abandonaban con dólares en algún bolsillo del infante. Estos órganos se vendían al extranjero al mejor postor.

Para el autor esta situación coincidía con “…semanas de agudización de la crisis económica y la parálisis del gobierno con una hola de huelgas y el colapso de los servicios públicos.”(Portocarrero, 1991: 21) Los denominados ‘sacaojos’ (variante funcional del pishtaco en un entorno urbano) aparecen no solo como una reacción frente a la coyuntura que genera mucho miedo y ansiedad, además pasan a convertirse una suerte de mecanismo para aliviar la tensión.

Pero es también importante resaltar que la tensión que se genera es fuertemente alimentada por la figura del ‘otro’ como amenaza, como peligro, como usurpador de lo más valioso que posee cada individuo o comunidad. Tanto los pishtacos como los sacaojos son descritos como extraños, ajenos a la comunidad. En el caso del pishtaco como mestizo, blanco o extranjero. Los sacaojos, en el trabajo de Portocarrero, son descritos como médicos blancos y ayudantes negros. Conviene preguntarnos entonces: ¿En que medida, este fantasma que hemos heredado desde la Guerra del Pacifico que concibe a Chile como amenaza y usurpador permanente (antes Arica, hoy el pisco), expresada hoy a través de un espía, se ha convertido en elemento clave que genera la reactivación de un mito latente en el inconciente colectivo? ¿Por qué esta irrupción casi simultánea?

Estas tan solo son algunas preguntas que pretenden reconocer que subyace en medio de estos fenómenos y también indagar como nuestra sociedad va procesando determinados sucesos. Como refería Carl G. Jung, la vida es como una planta que vive siempre de su rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura solo un verano. El rizoma siempre permanece.

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Hacia donde va la universidad?


Hace pocos días se celebró un aniversario más de creación de la Universidad Nacional de San Agustín. Para muchos agustinos, esta ocasión más que motivo de celebración es una oportunidad propicia para reflexionar acerca del rol de la universidad pública en nuestro país. ¿Hacia donde va? ¿Cómo emprenderá este camino? ¿De que recursos dispone? y ¿Hacia quienes esta dirigida? Es innegable el avance tecnológico y el papel fundamental que desempeña la universidad en muchas sociedades, no solo como espacio de formación profesional, sino de manera fundamental, como fuente incesante de creación de conocimientos que tengan como sentido la solución de problemas, tanto ordinarios como extraordinarios. Vamos a evaluar brevemente la situación de la universidad, no como un ejercicio que busque insistir en las debilidades y carencias, sino más bien como oportunidad para pensar donde estamos y hacia donde vamos.

Uno de los instrumentos más comunes para medir el lugar que ocupa las distintas universidades en el mundo es el Ranking Web de Universidades (1). Este ranking es una iniciativa del Laboratorio de Cibermetría, que pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el mayor centro nacional de investigación de España. Este ranking utiliza cuatro variables: tamaño, visibilidad, ficheros ricos y scholar (estudiantes). Es interesante constatar en este ranking que las 21 mejores universidades del mundo están ubicadas en los EE.UU. ocupando en primer lugar el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Recién en el puesto 22 aparece la Universidad de Cambridge del Reino Unido y en el puesto 24 la Universidad de Tokio de Japón.

El lector inmediatamente se preguntará ¿Qué lugar ocupan las universidades peruanas? Veamos: la Pontificia Universidad Católica del Perú, la mejor universidad privada del país ocupa el puesto 827. Y a nivel de Arequipa la Universidad Católica Santa María (UCSM) ocupa el puesto 3586. Es pertinente también indicar que solo dos universidades fuera de Lima figuran en el ranking: la UCSM y la Universidad de Piura. Naturalmente podremos encontrar personas que cuestionen tanto la metodología, como los instrumentos utilizados en el diseño e implementación de este trabajo. Sin embargo, nuestra posición en otros rankings tampoco podemos considerarla expectante, ni siquiera en Latinoamérica.

Ciudadanos al Día (CAD) presenta también un informe (2) que da cuenta de la realidad universitaria en nuestro país. Entre los datos más relevantes podemos considerar que, al 2009, existen 98 universidades en nuestro país (35 públicas y 63 privadas). Sin embargo, a pesar que el número de universidades privadas casi dobla el de universidades públicas, la diferencia en alumnos matriculados entre una y otra es apenas 3% del total. Esta dato es particularmente llamativo, ya que podría indicarnos que a pesar del avance y creación interminable de universidades privadas (no todas con una propuesta académica sería) la universidad pública sigue siendo un espacio privilegiado de educación para aquellos sectores con recursos económicos limitados.

Esta situación, de confianza en la educación pública, lamentable contrasta con la calidad de la formación y con la disponibilidad de recursos no solo otorgados por el Estado (51 % según el mismo informe de CAD) sino especialmente en la generación de recursos propios (apenas el 28 % proveniente principalmente de tasas, venta de bienes, prestación de servicios, rentas de propiedad y multas). En la denominada sociedad del conocimiento, este no solo es el bien más valorado, sino también el que mejores ingresos genera. Sin embargo ¿es el conocimiento que genera la universidad altamente productivo? Esta última situación se ve reflejada en la distribución del gasto que hace la universidad, donde el 73% del presupuesto se asigna al gasto corriente y apenas el 27 % al gasto de capital que, como sabemos, es un desembolso de fondos que se espera que produzca beneficios durante un periodo determinado.

Para Manuel Burga, Rector Emérito de la UNMSM: “… es necesario un financiamiento que asegure el desarrollo de la universidad pública peruana como sucede en otros países de América Latina. Pero es igualmente urgente recuperar y asegurar la calidad académica, tanto en la docencia, investigación como la proyección a la comunidad. Pero un financiamiento adecuado y un proceso de aseguramiento de la calidad deben sustentarse en un gobierno eficiente y eficaz de la universidad.” (3) Mayores recursos, por si solos, no garantizan el desarrollo de la universidad. Más dinero con recursos humanos limitados y sin un rumbo claro, no haría mas que repetir el circulo perverso de la pobreza, la improvisación, la corrupción y el atraso.
(1) En: http://www.webometrics.info/about_es.html (Última consulta: 11 de noviembre de 2009)
(2)En:http://www.ciudadanosaldia.org/boletines/repositorio/b66/Boletin_66_Universidades_Sep2009.pdf (Última consulta: 11 de noviembre de 2009)
(3) Burga, Manuel et al (2005) Temas de reflexión en torno a la universidad peruana. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos

lunes, 31 de agosto de 2009

Arequipa: Sus poemas, sus canciones


Al tratar de acercarse a la cultura de un pueblo, las ciencias sociales en general y la antropología en particular, buscan observar aquellas manifestaciones que sean expresión cotidiana y, al mismo tiempo, particular de un grupo humano. Estas van desde lo tangible (alimentación, vestido, herramientas, objetos que se intercambian o venden) hasta aquello que no vemos pero sabemos que es parte de la vida en sociedad de toda cultura (creencias, canciones, leyendas, etc.). En el caso de Arequipa, buscaremos (re)conocerla, a través de dos de sus expresiones emblemáticas: los poemas lonccos (1) y la música arequipeña. Sea usted, amable lector, quien juzgue si estas expresiones siguen siendo un espejo en el cual podemos reflejarnos o si se han convertido en un recuerdo cargado de nostalgia y melancolía.
Iniciemos esta reflexión con un poema loncco llamado “El romance de la lechera”: “Lecherita, lecherita/que vaís pa la ciuda/si el ccala te piropeya/lecherita, no le oigáis./Los piropos de los ccalas/tienen un veneno tal/que si se te mete en el alma/ya no guelve a salir más.” Este breve poema podría hablarnos de una ciudad con dos espacios definidos y en permanente interacción: el campo y la ciudad. Es el loncco, representante del espacio rural, quien no cesa de aconsejar a La Lecherita en su aventura urbana. El ccala, el otro elemento de esta visión dicotómica de las clases sociales en nuestra ciudad, aparece en el poema como peligroso. Pero, aún frente al evidente antagonismo de uno y otro grupo, al parecer ambos encontraron formas racionales de convivencia. De hecho, mucha de la desconfianza del hombre del campo respecto al de la ciudad parece sublimarse a través de la poesía loncca, que no solo expresa suspicacia, sino también cierta sorna y sentido de superioridad frente al ccala. Esto no llego a traducirse en hostilidad abierta de una u otra parte y son las migraciones que vive intensamente nuestra ciudad las que de alguna manera reconfiguran esta suerte de equilibrio estratégico entre uno y otro lado.
Revisemos un segundo poema loncco llamado “La Picantería”: “Cómo poder olvidarte. Picantería de mis pueblos,/donde sonccaba la chicha, la usma o la sayana,/con el picante jayari pa’ apaciguar la mañana;/mascando un chinchucho, con ese chaqque de nabos./Cómo no recordar mis tiznadas paredes de adobe;/tu techo de tijera, con su ccechincha llorona;/ tus claraboyas pintadas por esa paila glotona,/tras la tinaja, un chasca para que no se roben.”. La picantería, como menciona Hernán Cornejo: “… son establecimientos, pequeños restaurantes, instituciones sociales vivas de la ciudad, donde se reproducen costumbres tradicionales, lugares de encuentro donde se confunden las clases sociales…” (2) Sin embargo, Cornejo también reconoce que “La picantería ha resistido mas de cinco siglos, se ha enfrentado a la veleidad de las modas culinarias, a los guisos europeizados, y también a los encantos de cada tiempo…” Parecen conservar los sabores característicos de la gastronomía arequipeña, pero también haber perdido la dimensión más social que las caracterizaba. Un espacio que parecía no solo suspender temporalmente las diferencias sino, además lograr su encuentro, parece haber cedido a una sociedad que parece luchar por jerarquizar las relaciones interpersonales y dar a cada uno “el lugar que le corresponde.”

Finalmente, una canción muy conocida: “Quería verte inolvidable tierra querida/Arequipa ciudad blanca de mi amor/embriagado de distancia, añoraba la fragancia/de tu suelo tu campiña y su verdor./Cuando hace tiempo deje tus lares entristecido/con una pena de los hijos que se van/hubo un límpido aguacero y una lluvia de luceros/que en mis ojos contemplando tu volcán” Esta canción, que pertenece al dúo Los Dávalos, da cuenta dos un elemento mas que sugerente: el poder de la identidad. Son muchos los arequipeños que han dejado la ciudad, sin embargo, sentimientos como el desarraigo y la nostalgia parecen acentuarse de manera especial frente a su tierra. Es interesante percibir como en un mundo globalizado, donde se es ciudadano del mundo y se desarrolla una suerte de cosmopolitismo que adecuadamente describe Anthony Appiah como una creciente interconexión que nos ha convertido en miembros de una comunidad única, en moradores de una aldea global, subsisten arraigos, lazos, vínculos tan profundos con el lugar de origen. En el caso del El Regreso, pareciera dar cuenta de una sociedad en movimiento, con arequipeños globales que al mismo tiempo siguen dando a su ciudad un lugar principal en la construcción de su identidad.

Estas expresiones que brevemente hemos intentado analizar dan cuenta de una Arequipa que ya se fue, pero no del todo. De igual manera de una Arequipa que ya ha llegado, pero no completamente. Y es que la línea entre tradición y modernidad, que algunos se esfuerzan en remarcar, es más bien tenue y llena de pequeños poros que permiten el intercambio de uno y otro ámbito. La clave parece ser la construcción de una sociedad cuyas tradiciones puedan ser el cimiento más importante en la construcción de su porvenir, pero teniendo en cuenta las tradiciones de todos ya que el futuro es compartido.
(1) En: http://linda-arequipa.com/poemas-lonccos/ (Consulta: 25 de agosto de 2009)
(2) Cornejo, Hernán (s/f) La picantería arequipeña: cambio y continuidad culinaria. En: sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtualData/publicaciones/revis.../a07.pdf (Consulta: 25 de agosto de 2009)

lunes, 17 de agosto de 2009

Apuntes sobre identidad arequipeña


¿Que es ser arequipeño? ¿Qué define a un arequipeño de ‘pura cepa’? ¿Qué papel juegan variables como el color de la piel, el apellido, el lugar de nacimiento, la ascendencia en esta suerte de “arequipeñometro” con el que solimos medirnos, unos a otros, los habitantes de esta ciudad? ¿Cuánto ha cambiado la identidad arequipeña a partir de las migraciones? ¿En que se ha convertido la Arequipa de ayer, la del eterno cielo azul y puro sol? Son varias las preguntas que abren esta breve reflexión sobre Arequipa y son tres historias distintas las que pretenden mostrar como la identidad arequipeña, al igual que la materia, no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Empecemos con Ricardo Palma, quien a través de una tradición llamada “El ahijado de la providencia” narra la pelea de Alonso de Luque con un fraile dominico por quedarse con el último pescado para la cuaresma (este alimento era especialmente escaso y buscado en Arequipa dadas las distancias de aquellos tiempos con la costa). Sin embargo, mas allá de lo llamativo que puede sonarnos esta disputa, la tradición trae una historia particularmente interesante respecto a las aristocráticas pretensiones de los arequipeños. Palma refiere que: “…con carácter de proverbio, decíase en Lima: Arequipa ciudad de dones, pendones y muchachos sin calzones; y si no miente D. Bernardino de Pimentel, duque de Frías, he aquí el origen del refrán, tal como lo relata en un librejo que lleva por título Deleite de la discreción(…)Diz que a la puerta de una posada se hallaba un muchacho vestido de harapos, en circunstancias de llegar caballero en briosa mula un fraile de campanillas, el cual dirigiéndose al mozalbete, dijo: “Mancebo, téngame el estribo y darele un real de cruz.” Ofendiose el de los harapos y contestó: “Padre, mida sus expresiones y sépase que habla D. Fulano de Tal, de Tal y de Tal.” Y vomitó hasta una docena de apellidos. A lo que el fraile contestó con mucha flema: “Pues Sr. D. Fulano de Tal, de Tal y de Tal, vuesa merced se vista como se llama o llámese como se viste.” (1)

Otro aporte interesante, para pensar nuestra identidad, es presentado por Jorge Bedregal (2), en un trabajo donde analiza el discurso periodistico del Diario El Pueblo entre 1960 a 1970. Todo comienza cuando en una columna diaria llamada “Arequipa de Antaño”, el redactor menciona que el apellido Lira corresponde a los descendientes de Yarabamba y Quequeña. Sin embargo, a un lector no pareció gustarle esta vinculación y respondió en una carta que el no era de los distritos mencionados y agrego que “…su bisabuelo, teniente coronel del ejercito español era procedente de TUI (Galicia), según datos de los vestigios nobiliarios de la familia Lira. Continua que su abuelo tuvo tierras en esa zona y que dos familias pasaron a apellidarse así porque parece que les gustó”.

Finalmente, veamos un breve dialogo que tuve la oportunidad de registrar a propósito de un paro que se vivió en nuestra ciudad. Una conocida radio, de amplia difusión en sectores populares, dejó abiertas las líneas para que se comuniquen los oyentes. Un primera llamada trasmite el siguiente dialogo: “Aló, Señor Radio X, yo llamaba para apoyar paro, porque los arequipeños ya estamos cansados de abuso gobierno. Arequipa ha sido un pueblo ribelde que debe salir a las calles a protestar.” Pocos minutos después, ingresa otra llamada: “Aló, llamaba para manifestar mi desacuerdo con el paro y para decir que los verdaderos arequipeños estamos en contra del paro. Yo no se de donde será ese señor que llamo hace un momento, pero seguramente será transplantado, porque los arequipeños queremos trabajar”.

¿Que tipo de lecciones pueden dejarnos estos (des)encuentros? ¿Qué aportes podemos recoger para (re)pensar la identidad arequipeña? Amartya Sen, al reflexionar sobre como se construye la identidad, enfatiza en el papel del entorno y de los individuos con quienes interactuamos en la formación de la misma. El proceso de construcción de nuestra identidad es resultado del intercambio continuo que sostenemos con los demás. La identidad, sin embargo y siguiendo con Sen, parece tener una suerte de “doble filo”. Puede ser fuente de orgullo, alegría, fuerza y confianza, que cohesione comunidades y genere un proyecto común; pero también puede “matar y matar desenfrenadamente”. Una solidaridad interna, en algunos casos, puede ayudar alimentar la discordia entre los grupos.

Es innegable, aún para los románticos, que Arequipa es otra ciudad. Una ciudad que ha vivido intensos procesos de migración y que ha crecido de manera desordenada. Sin embargo, este crecimiento no ha ido acompañado de un proyecto que permita construir una sociedad inclusiva, en la que identidades de viejo cuño no nieguen, ni menos hagan invisibles, aquellas otras que siempre han estado allí, pero que recién están encontrando espacios para afirmar su valor. Las nuevas sociedades, entre ellas la arequipeña, nos plantean un reto impostergable: construir un mundo donde la diferencia antes que en una carga, se convierta en riqueza y potencial.

(1) Palma, Ricardo. El ahijado de la providencia. En: Tradiciones Peruanas. Quinta serie. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com (Última consulta 12 de agosto de 2009)
(2) Bedregal, Jorge (2006) Iconografía y simbolismo: Identidad Arequipeña. Arequipa: U.N.S.A.

domingo, 12 de julio de 2009

Y para usted: ¿Quién es el asesino?


Después de casi dos semanas de bombardeo continuo, me animo a preguntarle al amable lector si no se ha hecho la pregunta que encabeza este artículo. Algunos denominan este fenómeno como “abencialización”: se ha “abencializado” (si es difícil escribirlo, debe serlo mas pronunciarlo) la política, la información, el entretenimiento y, especialmente, la opinión pública. Los compradores no solo consumimos “Abencia”, sino también reclamamos “Abencia” y podemos caer en un síndrome de abstinencia si no nos dan más “Abencia”. Sin embargo, en este afán de “desabencializar” no solo nuestros discursos, sino también buscando reflexionar sobre ese modo típicamente cortoplazista de enfrentar los problemas de fondo, me animo a presentar los datos de tres hechos cuya importancia pareciera ser inversamente proporcional a la cobertura mediática que se les otorga. Me refiero a las muertes ocasionadas por los accidentes de transito, el friaje y aquellas que son producto de la inseguridad ciudadana.
En el caso de los accidentes de transito las estadísticas elaboradas por la Policía Nacional, desde el año 2000 a la fecha han registrado una alarmante cifra de más de 700,000 accidentes que han producido 31,000 muertes. El Ministerio de Salud informó, recientemente, que alrededor de 117,900 personas quedaron discapacitadas de por vida por accidentes de tránsito, en los últimos cuatro años. (1) Manuel Peña, representante de la Organización Panamericana de la Salud informa que “En el Perú, en el 2007 hubo 3.510 muertes por accidentes de tránsito. El 18% de ellas corresponde a conductores o pasajeros de vehículos de cuatro ruedas, el 3% a ciclistas y el 78% a peatones (no hay datos sobre motocicletas). El 11% de muertes por accidentes de tránsito son atribuidas al consumo de alcohol y a pesar de que contamos con legislación sobre el consumo de alcohol y conducción, la eficacia de la aplicación de estas leyes es solo 20%.” Los datos presentados son sin duda aterradores, sin embargo, ¿en que medida ha sido posible lograr un debate continuo y comprometido en la opinión pública, que vincule a los diferentes actores del problema, incluidos los ciudadanos de a pie? Las leyes pueden ser cada vez más drásticas, sin preguntar si una mayor coerción generará cambios de carácter sociocultural en conductores y usuarios.
En el caso del friaje los datos son también dramáticos. El número de niños muertos por neumonía, a la fecha, llega a 246. Puno es el departamento más afectado con este fenómeno, pues ayer se oficializó la muerte por neumonía de otros dos niños menores de cinco años, con lo cual el número decesos en este grupo de la población llegó a 54. En Huanuco se reportó 29 pequeñas víctimas, mientras que Cusco ya son 22 los infantes fallecidos. Muchos especialistas coinciden que las condiciones de extrema pobreza y acceso a la salud son las causas más importantes para que el fenómeno se repita cada año. Sin embargo, la lógica prevaleciente parece orientada a enfrentar únicamente las consecuencias y no los orígenes del problema. Es innegable el rol que ha cumplido la sociedad civil que ha respondido generosamente a la convocatoria realizada por diversas instituciones buscando recolectar alimentos y abrigo para nuestros compatriotas del sur del país. Pero, ¿Qué viene después? ¿Estamos esperando el próximo friaje para nuevamente apelar a la buena voluntad de la ciudadanía?
Respecto a la seguridad ciudadana, la reflexión parece ser tan coyuntural como superficial. En una encuesta realizado por el Instituto de Opinión Pública de la PUCP, Fernando Rospigliosi comenta que “…de los encuestados, 30% afirma haber sido víctima de un delito en el último año. La mitad de ellos han sido objeto de robos al paso (carteras, celulares, etc.). Luego viene el robo de viviendas (19%) y después los atracos con violencia o amenaza (13%). En total 82%. En lo que respecta a la policía, la única política del gobierno es más policías y más patrulleros. Es claro que lo más importante es una reforma policial que combata la corrupción interna, mejore la eficacia, etc.” (2) Es particularmente interesante percibir como la anormalidad (inseguridad) se va naturalizando, es decir, se acepta de manera resignada y fatalista, olvidando la capacidad de agencia que ya ha demostrado la ciudadanía.

Y después de este breve recorrido, para usted, ¿Quién es el asesino? ¿Cómo podemos permitir los peruanos seguir perdiendo vidas de manera tan irresponsable? ¿Cuándo hemos olvidado que nuestro horizonte de sentido y búsqueda permanente debe ser una sociedad mas justa, que respete la vida, que reconozca a todos los que la integran, que permita la convivencia en medio de la diferencia? ¿Qué necesitamos para volver nuestra mirada a los hechos mencionados y mantenerla en ellos, buscando soluciones que involucren la participación de todos? No solo los medios de comunicación debieran tener un rol vigilante, pervertido en ocasiones por una mal entendida lógica de mercado. La ciudadanía en general debería ir desarrollando una actitud crítica que permita separar el atractivo de la inmediatez de la trascendencia de lo importante.
(1) En: http://amantesdelpais.wordpress.com/2009/05/05/los-accidentes-de-transito-en-el-peru/ (Última consulta: 7 de julio de 2009)
(2) En: http://www.pucp.edu.pe/iop/files/sondeo_12.pdf (Última consulta: 6 de julio de 2009)

miércoles, 10 de junio de 2009

Del “buen” y el “mal” salvaje


Hace casi medio siglo, el antropólogo francés Claude Levi – Strauss llegó a la conclusión que el ser humano, buscando entender y explicar el entorno que le rodea, lo divide en dos. Es decir, estructuralmente dividimos la realidad en dos partes que son opuestas y al mismo tiempo complementarias: civilizado – salvaje, desarrollo –sub. desarrollo, bueno – malo. Levi – Strauss afirmaba que esta tendencia era explicada por la estructura de nuestro cerebro, que condicionaba nuestro modo de construir la realidad y era común a todas las culturas. Esta tendencia a dicotomizar puede ser la clave para entender no solo esta estrategia simplista e irresponsable de culpar al rival de turno; sino, y de manera especial, poder apreciar que es aquello que ve el ‘otro’ y que nosotros seguimos sin siquiera poder vislumbrar.

Veamos la primera pareja de términos opuestos: civilizado – salvaje. Los primeros antropólogos académicos (fines del siglo XIX) buscando analizar como había sido el desarrollo de las diferentes culturas, llegaron a la conclusión que el camino a la civilización (representado por la Europa de aquel entonces) era uno solo y que las diferentes culturas no europeas debían recorrerlo si pretendían alcanzar los logros del viejo mundo. La figura que utilizaban los evolucionistas de aquella época era la de una escalera, donde cada escalón representaba el grado de desarrollo alcanzado por cada cultura, siendo el mas bajo aquel que ocupaban las denominadas culturas simples o salvajes. Esta teoría fue posteriormente criticada, ya que proponía un solo camino rumbo al desarrollo y asumía que el mismo se explicaba en virtud de la presencia o ausencia de determinados grupos raciales: los grupos blancos como portadores del progreso y poseedores de una racionalidad mas desarrollada, los “otros” grupos raciales como responsables del subdesarrollo de sus pueblos, dada su condición cualitativamente inferior frente a los primeros.

La segunda pareja de términos opuestos (desarrollo – subdesarrollo) parece desprenderse de la primera. La idea del desarrollo ha sido una forma sobre la que se han vertido diversos contenidos. Inicialmente se concibió el desarrollo desde la acumulación de riqueza. Posteriormente se percibió en la industrialización el camino rumbo al progreso. El comercio e intercambio de bienes (bienes transformados, claro está), ya en el siglo XX, era promovido como la clave para no quedarse en esta carrera de la historia rumbo al bienestar nacional. La tecnología y el conocimiento parecen ser ahora las claves. Naturalmente, el subdesarrollo era definido en función de las carencias de los elementos mencionados: sin riqueza (capital), industrias, comercio y tecnología, eran pocas las posibilidades de emprender el camino del desarrollo. Sin embargo, ¿es tan universal, como pretenden los desarrollistas, su idea de progreso? ¿Todas las culturas deben asumir la misma receta y seguir el mismo camino? ¿La idea de propiedad e intercambio son características en la mayoría de sociedades? Y, a partir de ello, ¿todos poseen una misma imagen de ‘vida buena’?

Finalmente veamos la última pareja de términos opuestos: bueno - malo. Es en el S. XVIII que Juan Jacobo Rousseau propone el concepto de “buen salvaje”. Rousseau pretendía, con esta imagen inspirada en el Robinson Crusoe de Defoe, criticar las instituciones políticas y sociales como grandes corruptoras de la inocencia y bondad naturales del hombre. En contraste con esta imagen que heredamos de la ilustración, aparece una suerte de “mal salvaje” que muchos creen reconocer en el resultado de este enfrentamiento: Los buenos (policías) han sido asesinados salvajemente por los malos (nativos), utilizando lanzas, flechas o armas de fuego que fueron robadas. La imagen del “buen salvaje” de Rousseau contrasta con un discurso que busca resaltar violencia, ensañamiento y crueldad en la actuación de los nativos. Los buenos de la historia buscan el desarrollo y bienestar de las comunidades, que son manipuladas (visión paternalista del “otro”) por dirigentes irresponsables, políticos oportunistas y ONG’S mezquinas que solo velan por su interés personal. Del otro lado, los buenos quieren proteger al “buen salvaje” de Rousseau de cualquier tipo de influencia foránea, negándose a escuchar de manera sistemática cualquier alternativa por mas razonable que esta pueda ser. Ambas imágenes son, por supuesto, extremos inexactos e injustos

¿Qué tipo de lecciones nos podrían permitir superar esta visión dividida de la realidad? Una de ellas la propone Fidel Tubino: “Hoy mas que nunca requerimos de normas post-convencionales construidas dialógicamente que gocen de legitimidad en diferentes contextos. Solo así será posible regular de manera razonable las relaciones entre ciudadanas y ciudadanos culturalmente diversos. La normatividad transcultural – actualmente en proceso de construcción – es de imperativa necesidad para la convivencia ética tanto al interior de los Estados nacionales como a nivel de las relaciones interestatales.” Este, además de un tiempo de explicaciones, debiera convertirse en un tiempo de preguntas, no solo respecto a lo que el “otro” (en este caso los pueblos amazónicos) busca, sino y de manera especial, preguntarnos cuan dispuestos estamos “nosotros” a escuchar y dialogar.