sábado, 28 de marzo de 2009

El mundo se queda sin luz hoy


Este sábado 28 de marzo, en la denominada “Hora del planeta”, diversas ciudades del mundo se unirán en una iniciativa que busca demostrar que enfrentar el cambio climático es posible. Este gesto, de carácter simbólico, se expresará no utilizando energía eléctrica durante una hora. Los organizadores la han denominado la mayor campaña en defensa del medio ambiente de la historia, teniendo en cuenta que en diciembre de este año, los líderes de 192 países se reunirán en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que tendrá lugar en Copenhague, para lograr un nuevo acuerdo global que de continuidad al Protocolo de Kioto. Sin embargo, las advertencias sobre la necesidad de reflexionar sobre la sostenibilidad de los recursos de nuestro planeta no son recientes y es, por lo menos desde fines del siglo XVIII, que algunas voces advierten el peligro que originaría un crecimiento demográfico descontrolado o el empleo irracional de recursos energéticos. Revisemos brevemente las reflexiones de dos hombres de ciencia que, aunque separados por algo más de dos siglos, tienen en común pronósticos poco esperanzadores para la especie humana.

El primero de ellos fue Thomas Robert Malthus, un economista inglés considerado el padre de la demografía. En su Ensayo sobre el principio de la población (1798), se expone el principio según el cual la población humana crece en progresión geométrica, mientras que los medios de subsistencia lo hacen en progresión aritmética. Ello significa que llegará un punto en el que la población no encontrará recursos suficientes ya que su ritmo de crecimiento fue marcadamente mayor respecto a los medios que permiten su subsistencia, generando la extinción del hombre. (1)

El paso del tiempo se encargó de identificar a Malthus con una visión fatalista respecto al destino de la humanidad. Sin embargo, los exegetas de su obra niegan que tal haya sido su sentido, afirmando que la figura maltusiana de crecimiento geométrico de la población humana versus crecimiento aritmético de los recursos para satisfacerla no hacía mas que representar la permanente lucha que ha desempeñado el hombre por sobrevivir. Es más, en la búsqueda de equilibrio entre una categoría y otra, Malthus menciona dos tipos de freno en el crecimiento poblacional: los frenos positivos (guerra, hambre, plagas y enfermedades) y el freno preventivo (prevención, abstinencia sexual y retraso en la edad del matrimonio). Recordemos que el economista ingles reflexiona sobre ello en medio de los siglos XVIII y XIX.
Un segundo científico, ya contemporáneo y de origen latinoamericano, Bruce Hoeneisen Frost, en un artículo de 1999 hace una serie de pronósticos respecto a la población mundial y los recursos necesarios para atenderla que es pertinente tenerlos en cuenta: “Consideremos primero la población mundial. Fue de mil millones en el año 1800, dos mil millones en 1925, cuatro mil millones en 1974 y seis mil millones en 1999. Estimamos que la población mundial llegará a ocho mil millones en el año 2023 y a nueve o diez mil millones en el año 2050.”

Para Hoeneisen, este es justamente el límite con que el planeta tierra aún puede alimentar "bien" con agricultura intensiva de alta tecnología y rendimiento. Sin embargo: “…este nivel de población no es sostenible una vez que se agoten las reservas de petróleo y gas natural hacia el año 2050 y de carbón hacia el año 2100, entonces la población mundial deberá necesariamente decrecer hacia fines del siglo XXI. El límite natural sostenible del planeta tierra una vez que se agoten el petróleo, gas y carbón (y suponiendo que la humanidad tiene la sabiduría de no utilizar reactores nucleares) es de aproximadamente tres mil millones de personas (al nivel actual de consumo de energía por habitante). Esta es la población que pueden sostener las fuentes renovables de energía. ¡Y ya hemos sobrepasado este límite energético a causa del consumo transitorio de hidrocarburos no renovables!” (2) Veamos la Figura 1.

Figura 1



Fuente: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_1531.htm
Malthus y Hoeneisen parecen dejar en el horizonte una serie de preguntas. Algunas nos remiten al ámbito político y social, otras más bien pretenden acercarse a la dimensión ética del hombre y su concepción de la vida en sociedad.

A nivel político se busca observar una dimensión poco desarrollada en las instituciones dedicadas a promover conciencia sobre el respeto al medio ambiente: la incidencia política. ¿Cuanto de esta discusión, que se establece a nivel de sociedad civil, podrá trascender el ámbito político? Es decir, cuantas de estas iniciativas podrán transformarse en políticas públicas efectivas que puedan enfrentar un problema que tenemos cerca y al que el Perú no será ajeno. ¿Cuál fue el sentido primordial que motivó la creación del Ministerio del Medio Ambiente (MMA)? ¿Una toma de conciencia profunda y con visión de largo plazo sobre las políticas del Estado en relación con el medio ambiente o tan solo un requisito que había que cumplir para allanar el camino al TLC con EE.UU.? Desde la clase política la imagen del MMA parece más cercana a una institución impuesta frente a un verdadero reconocimiento de su rol en la evaluación y prevención de actividades que tengan un impacto ambiental negativo.

A nivel social ¿que podemos decir? En el momento en que se escribe este artículo no es posible precisar el grado de participación de la población arequipeña en esta iniciativa. Sin embargo, ¿cuan comprometidos estamos en la defensa del medio ambiente? ¿Cuan responsables somos en el uso racional del agua, el tratamiento de los residuos sólidos, el ahorro de energía y la preservación de áreas verdes? Si bien esta iniciativa parte de la sociedad civil, es menester preguntarse si su interés de carácter particular, puede universalizarse y representar el interés de amplios sectores de la población. Al parecer en nuestra ciudad el tema medio ambiental se ha restringido al transporte público y a la preservación de la campiña, concentrando todo el esfuerzo en modernizar y reordenar el parque automotor o frenar la libre disposición de los bienes a través de ordenanzas que tan solo postergan el problema, atentando contra la libertad de los propietarios. ¿Ello será suficiente? ¿No estaremos cayendo nuevamente en el error de enfrentar las consecuencias de los problemas, antes que sus causas? Recordemos que los actores involucrados en una y otra variable son apenas un porcentaje de nuestra población, olvidando la necesidad de involucrar a la mayoría de la ciudad en prácticas y actitudes que fomenten el uso racional de los recursos.

Finalmente ¿es posible un cambio a nivel de los paradigmas que hasta el momento sostienen la modernidad, aquellos que ubican al hombre en el centro de la creación y con potestad incuestionable para disponer de los recursos del planeta guiado por un solo tipo de mirada, la de si mismo? El hombre, con el avance inconmensurable de la ciencia y la tecnología, parece reconocerse únicamente como centro de la naturaleza, por encima de ella y con derechos inalienables para explotarla sin mediar algún tipo de límite. No parece existir ningún tipo de discernimiento ético entre fines y medios, ya que los primeros parecen justificarlo casi todo en aras de un mejor modo de vida, bajo una racionalidad perversa y autocomplaciente. Miradas alternativas buscan rescatar y proponer concepciones de culturas no occidentales que presentan una relación más equilibrada entre el hombre y la naturaleza, basada fundamentalmente en la reciprocidad y el respeto. Sin embargo, este tipo de cambios son de largo aliento, quedando pendiente la duda si el planeta podrá resistir dos o tres generaciones más con la misma visión utilitarista del mundo.

Como podemos apreciar, los pronósticos de uno y otro parecieran tener un mismo sentido. Estos implican la urgencia de cambios no solo a nivel de prácticas, hábitos de consumo, formas de vida y satisfacción de necesidades. También ponen de manifiesto la necesidad de un cambio de mentalidades. Una verdad, casi de perogrullo, afirma que la tierra es nuestro hogar. Sin embargo, tal vez estamos partiendo de una premisa equivocada considerando que todo hombre valora de manera especial su hogar. Nuestras prácticas estarían demostrando que la imagen de hogar no necesariamente es la que mejor describe nuestra relación con el planeta. La naturaleza, en su infinita sabiduría, se encarga de recordarnos cada vez mas seguido que si bien puede ser nuestro hogar, nosotros somos tan solo unos simples inquilinos.
(1) En: http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Malthus (Última consulta: 25 de marzo de 2009)
(2) Citado en: Pinto, José. ¿Cómo será el mundo en el año 2050? En: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_1531.htm (Última consulta: 25 de marzo de 2009)

jueves, 5 de marzo de 2009

Museo de la Verdad


Cada cierto tiempo se reaviva un viejo debate cuyo hito más importante parece ser el año 2003. Dicho año, luego de dos años de trabajo, concluyó su labor la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) presentando al país su Informe Final. Este documento buscaba dar respuesta a los 20 años de violencia política que había vivido el país (1980 – 2000), indagando sobre causas profundas que pudieran explicarlo, narrando los hechos mas importantes de este conflicto, reconociendo a los actores y proponiendo un conjunto de recomendaciones que pudieran conducir al país hacia la ansiada reconciliación. La donación de 2 millones de dólares que ha ofrecido el gobierno alemán para construir un museo que busque rememorar lo acontecido estos años ha mostrado nuevamente los frentes de esta disputa y sus visiones particulares sobre tres elementos esenciales de este trance de nuestra historia: la verdad, la reparación y la memoria. Veamos brevemente cada una de ellas.

Partamos por definir ¿Qué son las Comisiones de la Verdad? “…son organismos de investigación creados para ayudar a las sociedades que han enfrentado graves situaciones de violencia política o guerra interna, a enfrentarse críticamente con su pasado, a fin de superar las profundas crisis y traumas generados por la violencia y evitar que tales hechos se repitan en el futuro cercano.”(1) Sin embargo, ¿Qué tipo de verdad es la que sociedad espera encontrar? Muchas veces, los informes que presentan las comisiones muestran el lado mas oscuro de nuestra sociedad, no exclusivamente el de victimas y victimarios, sino el de aquellos que, por acción u omisión, permitieron que esto suceda. Como refería Salomón Lerner en su discurso de presentación del informe: “Las dos décadas finales del siglo XX son – es forzoso decirlo sin rodeos – una marca de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruana”. Es esta verdad la que un sector busca defender frente a otro que la niega de manera sistemática, sea cuestionando la metodología utilizada, el empleo de los recursos e incluso descalificando a los integrantes debido a su posición ideológica. El argumento, que parece resumir su lógica, es que la verdad presentada por la CVR es “su verdad”, no la verdad oficial en la que los peruanos podamos reconocernos.

Un segundo punto álgido en esta discusión parece ser el tema de las reparaciones. Uno y otro bando parecen reconocer la existencia de víctimas producto de este periodo, pero el número de ellas y como resarcirlas nuevamente rompe los puentes tímidamente construidos en uno y otro lado. El sector que niega la verdad presentada por la CVR ha considerado que la donación del gobierno alemán debería destinarse bien a las víctimas o a obras más importantes como escuelas, hospitales, carreteras, en lugar de un museo. Aún en el caso de conceder a este sector el hecho de canalizar recursos económicos a las victimas, ¿ello es suficiente? ¿Es que lo que están buscando? o ¿Es posible establecer un tipo de justicia que no solo retribuya (en este caso económicamente), sino también restaure? La restauración parece ser el nivel más elevado de justicia, por encima de la justicia retributiva (orientada a devolver el daño inferido, a castigar) y de la correctiva (corrección del daño ocasionado). Este tipo de justicia esta orientada a reparar las relaciones de las personas separadas por la injusticia y buscar la reconciliación interpersonal. Aunque el realismo político presenta límites para llegar a este nivel de justicia (volumen de crímenes, tiempo transcurrido, debilidad institucional y voluntad política), su búsqueda es una tarea innegable de nuestra sociedad.

Finalmente, la memoria es un tercer elemento a considerar. El sector que niega el informe de la CVR, duda seriamente sobre el rol de la comisión en la construcción de la misma, al afirmar que su labor ha servido únicamente para reabrir heridas y enfrentar a distintos sectores de la sociedad peruana, en lugar de lograr la ansiada reconciliación. Un museo, precisamente destinado a recordar lo que sucedió, haría mas profundas las brechas ya existentes en nuestra sociedad. El camino para este sector parece ser la vuelta de página. Esto podría conducirnos a la pregunta ¿Cuál es el rol de la memoria en un país? La memoria esta destinada a recordar no solo lo que sucedió en un determinado periodo de la historia, sino a garantizar el compromiso de la sociedad que este episodio infausto no se repita.

¿Qué tenemos que decir el resto de la ciudadanía? ¿Cuánto nos afecta estos temas a aquellos que no sufrimos con los atentados, que no fuimos victimas de amenazas sistemáticas o, peor aún, que no perdimos un familiar producto del conflicto? En realidad el primer paso es reconocer que esta ha sido un problema no de un grupo ajeno a nosotros, sino mas bien un problema de todos. Solo en la medida que el dolor del ‘otro’ sea nuestro, la sociedad moderna dejará de ser tan solo un agregado disperso de individuos, para volver a ser comunidad. Recordar no solo es traer a la memoria un hecho ingrato, es “volver al corazón”, al sentido mismo de las cosas, de aquellas que nos (debería) importar a todos.
(1) Las comisiones de la verdad en América Latina. En: http://www.derechos.org/koaga/iii/1/cuya.html#que (Última consulta: 4 de marzo de 2009)

Educación, salud, justicia y seguridad: ¿Y las reformas?


Casi a mitad de camino, es importante detenerse y preguntar no solo cuanto falta para llegar, sino también mirar hacia atrás para ver el camino recorrido. Y si bien lo andado puede ser significativo, ello no implica que el trecho avanzado no haya podido ser mejor, especialmente si el viajero de turno estuvo de acompañado de buen clima, dinero en el bolsillo, buenas provisiones y un camino con ciertos baches pero sin ningún obstáculo significativo. Con tanto a favor ¿pudo nuestro viajero haber avanzado más? Esta figura nos servirá para acercarnos brevemente a cuatro áreas cuyas urgencias contrastan con la atención no solo política, sino también mediática que reciben, tratando de evaluar lo andado a mitad de gobierno: la educación, la salud, la justicia y la seguridad.

A nivel educativo la ley de la carrera pública magisterial, las evaluaciones a los docentes y la disputa SUTEP – Ministerio de Educación parecen haber perdido el espacio mediático del que gozaban hace un tiempo. Sin embargo, los viejos problemas de nuestra educación persisten, tal vez esperando que la próxima disputa les permita irrumpir nuevamente en la escena pública. Aún cuando se habla de la “transformación invisible de la educación”, varias preguntas pendientes siguen sin ser respondidas: ¿en que medida la confrontación no terminó mellando la institucionalidad de este sector? ¿Las acciones emprendidas cuanto han mejorado nuestro sistema educativo? ¿Cómo se pretende enfrentar los grandes problemas de este sector: corrupción, ineficiencia, burocracia y falta de motivación? Parece lugar común afirmar que la clave del desarrollo de un país en buena parte reside en afianzar el capital humano de su población, es decir, su educación. Esto permite a un estudiante con buena formación tener mayores opciones laborales y personales. Al parecer, esta educación liberadora que desarrollo capacidades para generar oportunidades aun parece alejada.

La salud es otro de los grandes sectores desatendidos. La estrategia emprendida desde este sector fue similar al de la educación, buscando debilitar y deslegitimar a cualquier otro actor que pudiera hacer sombra al ministro de turno. Sin embargo, los problemas de cobertura, acceso, atención y calidad siguen presentes, ajenos al avatar político del día a día. Los intentos por mejorarlo solo parecen ser paliativos frente a la problemática existente. Es pertinente recordar que en la administración moderna no se trata exclusivamente de mejorar los procesos existentes, sino mas bien preguntarse si estos son los adecuados y responden a las necesidades de la población que busca atenderse. Nuevamente el árbol llama nuestra atención, en lugar del bosque.

De manera similar a los sectores anteriores, el sector justicia solo parece atraer nuestra mirada cuando salta algún escándalo o la amenaza de huelga de los servidores es inminente. Los diagnósticos sobre sus problemas parecen siempre coincidir: elevada carga procesal producto de una alta cultura litigiosa, red burocrática densa, procesos largos y anodinos, sin olvidar la corrupción presente en sus distintos niveles. Es importante reconocer, además, las barreras que menciona Wilfredo Ardito en el acceso a la justicia en el Perú: económicas, lingüísticas, geográficas, culturales y documentales. (1) Aún reconociendo la problemática existente, muchas autoridades parecen haber renunciado a iniciar reformar profundas, sostenibles y transparentes.

Finalmente, pero no por ello menos importante, tenemos a la seguridad ciudadana como una de las preocupaciones más importantes de la población. No solo parece tratarse de asaltos, secuestros, robos, etc. Es también ese aspecto que parece intangible pero que sin duda es importante: la sensación de inseguridad que padece la ciudadanía. Esta no solo es reconocible a través del miedo de salir a la calle a ciertas horas y en determinadas zonas. Esta sensación va minando un elemento poco valorado en nuestra sociedad que es el capital social. Bernardo Kliksberg lo define como esa capacidad de asociatividad basada en el clima de confianza que desarrolla una sociedad. Todo ello aunado a la conciencia cívica y a los valores socialmente compartidos que manifieste y que permitan consolidar redes fuertes entre el Estado, la sociedad civil y la empresa privada. En una sociedad donde casi todos se miran con recelo, casi preparados para defenderse y luego atacar (o viceversa) este tipo de capital se ve seriamente reducido.

Dos anotaciones finales. Si bien algunos de estos problemas tienen carácter sectorial, es innegable el nivel estructural de varios de ellos. La corrupción y la ineficiencia, al no ser característica de un ministerio en particular, requieren propuestas articuladas de reforma que involucren a todo el sistema. En segundo lugar, volviendo a la metáfora que utilizamos al inicio de este artículo y buscando no caer en el pesimismo siempre tentador y autosuficiente que asoma cada vez que pensamos en el país, no podemos negar el trecho avanzado, pero es también vital no olvidar lo que nos queda por recorrer y las necesidades por resolver en este largo camino.
(1) Ardito, Wilfredo. Perú: acceso a la justicia. En: http://www.servindi.org/actualidad/2495 (Última consulta: 26 de febrero de 2009)

domingo, 22 de febrero de 2009

El espejo de Evo


Hace casi dos semanas, el presidente boliviano Evo Morales promulgó una nueva Constitución política. La carta busca refundar el país a partir de valores tan caros como ausentes en muchas sociedades latinoamericanas: igualdad, justicia y dignidad. Sin embargo, el camino no ha sido nada fácil. Solo después de 3 años de marchas y contramarchas se aprobó mediante referendo un texto que parecía condenado desde su nacimiento, en medio de un país que parece enfrentar de manera permanente el fantasma de una escisión territorial. Este artículo busca detenerse y problematizar en algunos aspectos que menciona la nueva Carta Magna boliviana que pueden ser pertinentes para pensar también en nuestro país y en aquellos problemas que podemos compartir con la sociedad boliviana: la igualdad en medio de la diferencia y la inclusión de aquellos que han sido marginados secularmente.

Partamos por la nueva definición del Estado boliviano: “Estado unitario social de derecho plurinacional comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías.” Solo nos detendremos en dos elementos de esta retahíla de definiciones. Al hablar de Estado plurinacional se pretende enfrentar una de las debilidades con las que nacen los estados decimonónicos en nuestras sociedades y esta es reconocer la existencia de dos o más naciones bajo una misma forma de administración. El viejo modelo Estado – nación parece insuficiente frente a la diversidad cultural y étnica, siendo el reconocimiento de esta pluralidad de naciones el primer paso en la construcción de un Estado moderno, atento a las diferencias.

Pero este reconocimiento no es tan sencillo. Implica un conjunto de políticas que desde el aparato gubernamental deben ponerse en marcha para que este reconocimiento no sea únicamente expresión de un deseo para pasar a convertirse en realidad palpable. De este modo el Estado boliviano asume un rol protagónico en la preservación, desarrollo, protección y difusión de las culturas existentes en el país. Dos parecen ser las preguntas que se desprenden de esta pretensión: ¿Cómo será posible asumir esta tarea? y ¿en que medida el Estado no terminará discriminando a algunas culturas en su afán de promover y proteger otras?

Una segunda definición que llama nuestra atención en particular es la “intercultural”. La interculturalidad nos habla de “encuentro entre culturas”, pero no de una manera tradicional en la que una (hegemónica) termina imponiéndose a otra (sometida, subalterna). Este encuentro lleva más bien una carga valorativa particular que nos habla de respeto, tolerancia y comprensión entre individuos pertenecientes a culturas diferentes. La interculturalidad parece convertirse entonces en la clave para resolver viejos lastres como la discriminación, la exclusión, el racismo y la segregación.

Las políticas interculturales han sido implementadas tradicionalmente desde dos sectores en especial: la educación y la salud. No obstante, la búsqueda del nuevo texto constitucional parece ser la de construir una sociedad intercultural, donde el respeto a la diferencia se convierta en una prioridad para el Estado. El antropólogo canadiense Will Kymlicka prefiere hablar de Estados multiculturales (aquellos que adaptan la diversidad en sus leyes e instituciones) y ciudadanos interculturales, partiendo de la premisa que son los individuos quienes pueden enfatizar la necesidad de mayores habilidades interculturales (respeto, tolerancia y comprensión frente a la diferencia cultural) que podrían “…reducir la sensación de aislamiento entre los diferentes grupos, promoviendo una mayor interacción y reduciendo el peligro que esta interacción lleve a sentimiento de resentimiento o malentendidos”.

Sin embargo, una de las tensiones que Kymlicka reconoce en esta propuesta es que muchas personas parecen preferir un interculturalismo global (conocer las culturas de lugares lejanos) antes que uno local (grupos vecinos, en algunos casos tradicionalmente excluidos). Otra tensión importante es partir de la premisa que la apertura hacia otras culturas es una virtud que todo ciudadano debe poseer, sin reconocer el rechazo que puede existir en algunos sectores frente al intercambio cultural. Finalmente una ultima tensión nos presenta el problema de ¿Qué tipo de conocimientos deberíamos estar buscando sobre otras personas y culturas? Un conocimiento superficial y exotizado sobre su vestido, su comida y su música. O uno más profundo que busque acercarnos a sus creencias, anhelos y visiones del mundo.

Es innegable el aire esperanzador que esta nueva constitución ha despertado en muchos grupos, especialmente aquellos que han sido (y son) victimas de la injusticia y el olvido. Muchos pueblos, no solo de Bolivia, creen reconocer en esta carta una suerte de reconciliación con el pasado y una mirada optimista frente al futuro. Sin embargo, es pertinente detenernos y considerar si la imagen que nos devuelve el espejo es que la estamos esperando.

De medios y fines


¿Es posible construir fines que sean socialmente compartidos? ¿El fin justifica los medios? ¿Un medio puede convertirse en fin? Estas son algunas preguntas con las que pretendemos acercarnos a nuestra política local. En el primer caso se busca matizar fines compartidos buscando hacer espacio a intereses particulares. En el caso del segundo justificar los resultados y metas (fines) a cualquier costo (medios). Finalmente, concentrarse en los medios hasta hacer de ellos un fin, buscando convertir en meta aquello que es esencialmente un instrumento.

Desde esta lógica de medios y fines pretendemos acercarnos a tres hechos que hemos podido observar en nuestra política local y nacional. Revisaremos, a nivel local, la aún reciente disputa entre transportistas y la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA). A nivel nacional, nos detendremos en el desalojo del bosque de Pomac, con el costo de vidas que ya todos conocemos. Como tercer hecho nos detendremos en las nuevas revelaciones sobre el tráfico de interceptaciones telefónicas que viene saliendo a la luz. Observemos, en cada uno de ellos, como medios y fines pasan de un lugar a otro según las necesidades, no siempre éticas, de los protagonistas.

Hace poco más de dos semanas la ciudad parecía detener su marcha por una huelga del transporte público que buscaba expresar su rechazo frente a una ordenanza municipal que consideraban injusta. El dinamismo de la ciudad, que parecía detenerse frente a esta medida, encontró salidas creativas que permitieron reconocer a los transportistas que la contundencia de su medida era inversamente proporcional a su legimitidad. Pocos días después y ante la impopularidad de la paralización, nuevamente volvieron a sus labores cotidianas. Sin embargo, todos los actores involucrados (MPA, usuarios y transportistas) en este hecho ¿comparten los mismos fines? ¿Tienen las mismas búsquedas? Naturalmente, están presentes los intereses particulares de uno y otro, pero, ¿Cuan dispuestos están a renunciar total o parcialmente a ellos en búsqueda de lograr un fin compartido? Un mejor servicio de transporte público podría ser el norte al cual dirigirse, no obstante, ¿de que medios disponen para llegar a él y cuan dispuestos están a gestionarlos?

Nuestro segundo caso parece graficar como el valor de los recursos puede relativizarse en aras de conseguir una meta. Un grupo de personas invaden terrenos pertenecientes al Estado. Después de muchos años y de promesas de reubicación incumplidas, se procede con orden judicial en mano al desalojo y recuperación de esta zona de bosque seco. El saldo de la operación durante su primer día da cuenta de 3 efectivos policiales fallecidos y varios heridos de uno y otro lado, sin llegar a cumplirse la meta plenamente. Es durante el segundo día que se recuperan los terrenos ocupados finalmente. Frente a la avalancha de críticas y cuestionamientos a la efectividad de la operación policial, las autoridades no dudan en afirmar el éxito de la operación expresada en la recuperación del terreno, justificando, de algún modo, el precio pagado. El hombre se convierte en medio disponible para alcanzar los fines necesarios, dejando de lado su dignidad. De allí no es extraño el reclamo incesante de los policías sobre sus propios “derechos humanos” de los que se sienten despojados. Si la sociedad me ha encargado la tarea de defender sus derechos, pero llegado el momento no defiende los míos, como puedo comprometerme en esta tarea si puedo intuir el pago que voy a recibir.

Finalmente, nuevas revelaciones se han realizado respecto al tráfico de interceptaciones telefónicas. Se ha descubierto quienes la realizaron (Business Track SAC) pero aun se desconoce quienes pagaron por este servicio. Sin embargo, el debate parece haberse desviado de la corrupción de los ‘petroaudios’ (punta del iceberg únicamente) al derecho a la privacidad de las comunicaciones. Me valdré de una figura para representar en que medida podemos convertir un medio en un fin: Si una persona durante el asalto mata a dos personas, en que deberían concentrar sus energías los policías: ¿En encontrar al homicida o en buscar el arma que acabo con la vida de las personas? Sin duda el arma puede ser una pista (medio) pero la meta es sin duda encontrar al asesino. Al parecer, en el caso de nuestra política, toda la atención esta dirigida y se ha detenido en el arma, el medio, esta vez convertido en fin.

Estos tres casos parecen tener en común una visión particularizada de medios y fines, dependiendo de las circunstancias y de los actores. En algunos casos perdiéndolos de vista buscando atender intereses particulares, en otros justificándolos a cualquier precio y finalmente relativizándolos hasta convertir en fin (‘el chuponeo’) algo que era básicamente un medio. Una de las conquistas más preciadas de la modernidad son las ideas de libertad, de individualidad y de dignidad de todo ser humano. Sin embargo, el peligro es relativizar la dignidad del hombre (fin) para convertirlo únicamente en instrumento (medio). Es fundamental estar siempre atentos y denunciar cualquier intento que pueda mediatizar nuestra conquista mas preciada, la dignidad de todo ser humano.

La cultura del transporte


¿Quién tiene la razón: los transportistas o la municipalidad? ¿Son justos los reclamos de uno y otro lado? ¿Qué otras alternativas se podrían plantear para solucionar este impase? Y, ¿Qué tiene que decir la ciudadanía, en su mayor parte usuarios y afectados, frente a este problema público? Estas son algunas de las preguntas que he podido recoger a lo largo de estos días de paralización, que han sido debidamente analizadas y que sin duda son pertinentes. Sin embargo, no llegan a tocar uno de los temas de fondo de este problemática: ¿Y que hay de la cultura de transportistas y usuarios?

La primera reacción de algunos lectores será afirmar, casi sin dudarlo, la carencia de esta, especialmente del lado de los transportistas. Sin embargo, el presente artículo apela al término cultura no el sentido clásico que denota conocimiento o dominio de algún arte en particular. Utilizaremos el término cultura desde el giro que nos brinda la antropología y cuya acepción más simple es “modo de vida”. Desde la primera definición de cultura (conocimiento) hay grupos que poseen más cultura que otros en virtud de una mayor formación académica. Desde la segunda, todos somos poseedores de cultura en virtud de nuestra condición de individuos que forman parte de una comunidad que comparte un conjunto de prácticas. Considero importante esta breve aclaración ya que ella nos ayudará a acercarnos a la cultura del transporte en nuestra ciudad desde los transportistas y desde el usuario, actores fundamentales de este desencuentro.

Desde los transportistas es interesante recoger algunos elementos. Por un lado la justicia que ellos reconocen en su reclamo, frente a una ordenanza municipal que, desde su punto de vista, muchas opciones no les deja. Argumentan que las condiciones en las que trabajan no son las adecuadas e insisten en que la poca rentabilidad del transporte no les permitiría invertir en una necesaria renovación del parque automotor dedicado al transporte público. Sin embargo, ¿Cuál es la imagen que tiene el transportista del usuario? ¿Cuál dispuesto esta a brindar un mejor servicio? Y una pregunta más cruda aún, ¿Consideran que los usuarios se merecen un mejor servicio? Quienes utilizan el transporte público de manera diaria se enfrentan a frases como: “pie derecho”(para bajar con el carro aún en movimiento), “cuidado con la cabeza choche” (al subir o bajar si, por desgracia, mides mas de 1.70 m en una combi pequeña), “deje la pasada libre pe’ joven, todos quieren viajar” ( para adocenar pasajeros a ambos lados del pasadizo olvidando una de las propiedades de la materia: un objeto no puede ocupar el lugar de otro), “el carro esta vacío señorita” (lo cual significa que puedes viajar parado), “siéntate bonito pe’”(para ubicar en un asiento de 3 personas a no menos de 5) y la clásica e infaltable “al fondo hay sitio”, que no necesita mayor explicación. Dejo a la memoria del amable lector agregar algunas otras frases que sin duda pueden ayudar a reconocer cual es la imagen que tienen los transportistas de los sufridos usuarios.

Pero, es importante observar también el otro lado de la moneda. ¿Como observamos nosotros, los usuarios, a los transportistas? A través de diversos medios de comunicación es posible reconocer la desaprobación de la mayoría de la población hacia este sector, reconociendo en esta la necesidad apremiante de mejorar el servicio. Sin embargo ¿este rechazo abrumador como se expresa en lo cotidiano? ¿Cuánto hemos desarrollado nuestra capacidad de quejarnos frente a un mal servicio, la excesiva velocidad, las competencias entre vehículos que pertenecen a la misma ruta o el maltrato de parte de chofer o cobrador? En mi calidad de observador he asistido a numerosos episodios donde lo que encontraba era un grupo de ciudadanos que sufre resignadamente las situaciones antes mencionadas, asumiendo tal vez que las cosas siempre han sido y serán así, sin esperar y menos reconocer, que se merecen un mejor servicio. Son pocos aquellos que elevan la voz de protesta frente a un abuso, recibiendo únicamente la ambigüedad del silencio de los compañeros de viaje y preguntándose si vale la peña luchar por quienes aceptan la realidad de manera fatalista.

Es sin duda importante cualquier intento que busque mejorar la calidad de vida de la población, en este caso, desde el transporte. El “como mejorar” se puede discutir, pero el fin es, sin duda, el mismo para todos. Es posible comprar nuevos vehículos, capacitar a choferes y cobradores, educar al usuario en sus derechos y deberes como pasajero, pero, en que medida es posible cambiar las visiones que tenemos “uno” del “otro” (transportista – usuario, usuario - transportista) y, sobretodo, la imagen de uno mismo. El transporte no solo urbano, sino también el interprovincial, pueden convertirse en espacios privilegiados desde los cuales podamos poner en práctica nuestra condición de ciudadanos plenos, haciendo valer nuestros derechos y cumpliendo nuestras obligaciones. Finalmente, recordemos algo que parecemos olvidar con facilidad: es posible cambiar para construir una mejor sociedad para todos. Y el cambio empieza desde cada uno.

¿Año nuevo?: Todos los días


Festividades, como el inicio del año, nos permiten apreciar de alguna manera como en los seres humanos perviven estructuralmente algunas características asociadas mas bien a los estadios de desarrollo inicial del hombre. Es interesante notar como, junto al avance tecnológico, conviven ritos y tradiciones no necesariamente asociadas con la modernidad. Sin embargo, estos parecen representar una continua búsqueda del ser humano: tratar de controlar el futuro. El porvenir, al ser desconocido, genera sensaciones como el desamparo, la vulnerabilidad, la angustia. La capacidad de agencia se ve reducida dramáticamente y aparece con fuerza una frase shakesperiana que parece graficar esta situación, donde somos principalmente: “un juguete del destino”. Sin embargo, el hombre no se queda de brazos cruzados y busca, de una manera u otra, hacer propicio aquello que es desconocido y poder hacer del futuro un tiempo mejor para el. Veamos brevemente como a través de las predicciones, los ritos y los sentimientos el hombre busca asir aquello que parece escapar como arena entre sus manos.

En occidente la concepción del tiempo es lineal. Hay un pasado, presente y futuro que avanza de manera incontenible. Los hechos del pasado están ya dados, mientras el futuro es una dimensión sobre la que no tenemos acceso. Pero el hombre siempre ha generado modos creativos para conocer ese futuro, que en la antigüedad se manifestaba a través de oráculos y adivinadores en los que buscaba fundamentalmente seguridad. Una manifestación actual de ellos los encontramos en las famosas astrólogas que buscan predecir como será el futuro y cuan promisorio será para nosotros. Los horóscopos parecen tener una mayor importancia en este período del año, importancia que es directamente proporcional a la necesidad humana de saber “que vendrá más adelante”.

Un segundo elemento que parece convivir con la aparente modernidad de la que somos parte son los distintos ritos y tradiciones que se ponen en práctica en esta época. Para Juan José Tamayo - Acosta: “A través de los ritos, el ser humano guía su existencia y pone orden en su vida, con frecuencia desordenada, y en la relación con los demás, con frecuencia turbulenta. Los ritos constituyen un importante cauce para superar o, al menos, desdramatizar las tensiones entre los miembros del mismo grupo humano (…) Son una respuesta a la angustia que produce en el ser humano la realidad amenazadora que se le impone y no siempre puede controlar. Representan, a su vez, un buen antídoto frente a la rutina de la vida, al romper la uniformidad y monotonía en que se desarrolla la existencia humana.”(1) Muchos ritos buscan “propiciar” un mejor porvenir a través de colores (amarillo), alimentos (uvas, carne de cerdo), objetos (muñecos que representan el año que se va y que deben ser quemados) y acciones (si quiero viajar, salir con una maleta a dar una vuelta a la manzana). Sin embargo, estos no pueden llevarse a cabo en cualquier tiempo del año, ya que existe un tiempo especial que activará su capacidad transformadora, en este caso, del futuro. Aquí podemos apreciar una suerte de dimensión mágica, (entendida esta como las artes, conocimientos y prácticas con que se pretende producir resultados contrarios a las leyes naturales conocidas valiéndose de ciertos actos o palabras, o bien con la intervención de seres fantásticos) que pervive en todos nosotros y se manifiesta en esta época del año.

Finalmente, la esperanza es el sentimiento característico de esta época del año. Estas parecen renovarse con su solo llegada, generando una sensación de cambio y posibilidad. Al mismo tiempo que se evalúa lo realizado, se planifican nuevas tareas y proyectos bajo la lógica que este es buen tiempo para hacerlo. Pero bajo este proceso de evaluación y proyección, que puede parecer básicamente racional, podemos percibir también un fuerte substrato pasional. No solo se concibe y programa nuevas acciones para el año venidero, sino que la época en que son realizados y la sensación de cambio que genera el nuevo año, alimenta la esperanza que se harán realidad. La concepción lineal del tiempo parece ser reemplazada por una mas bien circular, donde después de un largo camino tenemos la oportunidad de volver al punto de donde partimos para empezar de nuevo.

Todo lo mencionado son de alguna manera mecanismos para controlar aquello que vendrá, pero que no conocemos. Sin embargo, es importante recordar que el futuro no es únicamente sombras que no nos permiten ver que hay mas adelante. Es también posibilidad y esperanza. Pero no una esperanza que se renueva cada año y que parece agotarse al concluir el mismo. Sino una esperanza que se debe renovar cada día y cuya base debe ir mas allá de prendas amarillas, alocadas vueltas con maleta en mano o astrólogas cuyo mayor acierto es hacernos creer lo que dicen. La base de esta esperanza somos nosotros y lo que hacemos, sabiendo que es posible hacer de nuestro futuro algo mejor.

(1) Tamayo – Acosta, Juan José. El ser humano, animal ritual. En: http://www.mercaba.org/LITURGIA/h-m_animal_ritual.htm (Última consulta: 1 de Enero de 2009)